HERMANAS CLARISAS

 

 

Por la hermana Natividad Patlan, Clarisa Capuchina.

 

En la vida consagra Cristo no sólo es el amigo verdadero que crea lo amistad; es sobre todo, el Esposo enamorado que se entrega y crea la comunión de Amor más perfecto.

 

La palabra Esposo tiene pleno sentido, no como concepción sentimental, como a veces se usa: “Te has casado con Dios, eres esposa de Cristo”; sino como expresión y realización bautismal de un ministerio extraordinario. Ministerio que se realiza en todo cristiano, porque Él se desposa con nosotros.

 

Por lo que los que abrazamos la vida consagrada hemos adquirido una dimensión especial por la que Jesucristo sea nuestro Esposo. Y libremente hemos dejado el sacramento del matrimonio para fortalecer el sacramento de las nupcias de Cristo con la Iglesia. Ya que la vida consagrada es imagen viva de la misma, manifestando más profundamente la tensión hacia el único esposo.

 

 

Francisco y Clara fueron deudores de la espiritualidad de su tiempo. Esta  espiritualidad que fluía en toda su transparencia de las fuentes de los padres de la Iglesia, cuando oriente y occidente compartían un tesoro común, influenciada también por la mística nupcial de los victorinos, y la corriente afectiva, hacia la humanidad de Cristo.

 

En el tiempo de Clara sus contemporáneos ligaban estrictamente la idea de la virginidad a la de la clausura: en el fondo, las mujeres debían mantenerse recluidas precisamente para custodiar su virtud, con miradas al matrimonio celestial. Por lo que esta idea era como un eco de siglos en que se vivía, de desconfianza en relación a la mujer.

 

Esta concepción enriquece las reflexiones espirituales, sobre todo porque está tomado de los libros de la Biblia más comentados, en el transcurso de la Edad Media, sobretodo del Cantar de los Cantares. En el cual las bodas místicas del alma con Dios se presentaron como un tema de devoción espiritual y al mismo tiempo, para muchas mujeres, el fundamento ideológico, por así decirlo, de su propia opción de vida.  

 

En tiempo de Clara no era nuevo el dedicarse a la contemplación, ni el tema de las nupcias místicas. Lo nuevo era la fuerza seductora con que ella lo vivió suscitando una renovación y divulgación de esta afición, de la que Tomas de Celano escribe con emoción y casi se podría decir con exaltación, el ejemplo de Clara que él había visto con sus ojos.

 

Espiritualidad nupcial de santa Clara

 

Francisco habla a Clara de ser esposa de Jesucristo. Y las palabras llameantes levantan a Clara hasta el más ardiente apasionamiento por Jesucristo. Mirar a Jesucristo Pobre y Crucificado y quedar adherida a su manifestación kenótica, esa es la razón última y en el fondo única de la nupcialidad de Clara que marcó su espiritualidad.

 

El derecho de amar

 

Clara a sus 17 años empieza a preocupar a sus padres con su manera extraña de comportarse, en todo hacer por complacer al Señor y nada por agradar a los hombres. Ella era noble, rica, hermosa, buena: reunía todos los requisitos para ser esposa de cualquiera de los nobles señores de la ciudad y Favarone iniciaba algunas tentativas en este sentido. Pero Clara no solo rehúsa desposarse: ni siquiera quiere oír hablar de bodas, y responde al padre y a la madre que desea conservar su virginidad para el Señor.

Vemos pues que para Clara esta decisión de ser esposa de Cristo iniciaba ya desde muy temprana edad, y su decisión sigue firme, para una entrega total de ser solo para Dios en la cual tiene el valor para luchar contra todo aquello que le aparta del amado.

 

Clara huyó a media noche, de su casa cuando tenía 17 años porque en su tiempo la mujer rara vez podía elegir su camino. Ella supo despreciar todo lo que el mundo le ofrecía y tenía la mirada y el corazón en aquellos proyectos de vida estimados por ella como mejores. Ella estaba preparada, conocía los derechos de y deberes de esposa, pero jamás se dejaría seducir.

 

Porque quería ser pobre tal como lo vio y lo vivió francisco. Con la huida de Clara esta perspectiva de su fuga se vio hasta tal punto que restableció el primado de Dios como opción libre para una mujer. Más todavía, liberaba a la mujer de la tradición del matrimonio obligado.

 

Ante este gran ejemplo de Clara es preciso darle gran importancia como renovación de opción libre en la vocación de la mujer, para realizar una respuesta ante todas las pruebas que hoy en día no se pueden o no hay libertad para optar por esta forma de vida.  

 

El amor virginal

 

Un aspecto muy importante que encontramos en la 1 carta de Santa Clara sobre la relación esposal con Jesucristo para todo Cristiano, es la relación que expresa con Jesucristo a través de la virginidad corporal y del a amor indiviso, no conyugal, de la que la virginidad corporal es signo y manifestación. Seducido por el amor exagerado de Dios en Jesús, es incapaz de cansarse.

    Así mismo para Clara la virginidad fue el comienzo y centro de la mística esponsal.«Ella querría ser virgen» vemos pues que la virginidad no es un don par la fe, es un carisma en la fe. Que pertenece al martirio, al decoro, a la santidad de la Iglesia.

En esta pregunta encontramos el sentido en toda su riqueza sobre la virginidad en la que Clara vive su relación con Jesucristo como relación virginal esponsal. ¿Qué es la virginidad cristina sino el amor virginal nupcial de Jesucristo? Este patrimonio es la certeza de un amor recíproco. Que es como un manto esponsal que Jesucristo «el divino goel» tiende sobre la esposa al atraerla hacia sí. «Tu eres mía»;«La introdujo en su tienda y la amó».

 

Y para corresponder a este gran amor recíproco Clara nos invita con estas palabras de que la mujer que se sabe amada se levanta sin desgarros sobre cualquier otra aflicción o amor. Por lo que se necesita es espacio para la intimidad, guardar ese espacio para (virginidad) ese amor esponsal con Jesucristo en un vació y soledad para acogerlo en plenitud.

 

Como Clara esposa amada, las damas pobres debemos vivir la virginidad ya que significa consagrar a Cristo su propio corazón, el cuerpo, la vida entera con amor absoluto, y pertenecer en la certeza de un amor reciproco.

 

La alianza nupcial con Cristo en las cartas de Santa Clara

 

En las carta a Inés, el termino «alianza» encierra todo él compendio y significado en su tema de las «nupcias», del «connubio» entre Inés y Cristo.

 

Las cartas de Clara son de gran importancia para penetrar más afondo en su psicología de mujer, para  conocer su espiritualidad y su pensamiento religioso ya que las cartas son documentos más personales y espontáneos, y muestran más su calor humano y se transparenta mejor su alma llena de Dios y de ideales evangélicos.

 

 Al presentar a Jesucristo como esposo de Inés y a Inés como esposa de Jesucristo, Clara expresa, siguiendo la tradición bíblica y eclesial el tema de la alianza: la decisión de Dios, hecha carne y tiempo en Jesús, de ser enteramente para el hombre en el amor, y de que el hombre sea, por el amor, enteramente para Él. El hablar de esta relación esponsal tiene sentido sólo desde la radical desposesión, vació y entrega que la fe y conversión suponen.  

Las cuatro cartas están como tejidas y construidas sobre el «seguimiento de Cristo», esposo. La temática nupcial, da forma a diversas expresiones de la vida religiosa.

 

La I carta de Santa Clara a Inés de Bohemia

 

Clara desarrolla el tema de las bodas místicas sobre todo en la I carta a Inés de Bohemia. La ocasión impulsaba precisamente en este sentido: en la que Inés está comprometida pero ella rehusó contraer matrimonio con el emperador. Y por ello Clara aborda de inmediato el tema en su carta.

 

Habéis preferido el desposorio con Cristo pobre, en virginidad y pobreza, al matrimonio con el emperador. Gozo incomparable por el tesoro de la pobreza.- de los pobres es el reino de los cielos.

 

Ante esta gesto ejemplar con que la hija renuncia a las más ventajosas propuestas de matrimonio por consagrarse a Cristo en virginidad y pobreza, Clara le dirige la carta con oportunas consideraciones de sabor franciscano acerca de la dignidad de esposa, hermana y madre de Jesucristo, a la que están llamadas a vivir con especial plenitud quienes escogen este género de vida .

 

Clara hace una hermosa interpretación con un subrayado muy representativo: entre Cristo y el emperador. Puesto que el sueño más grande de una doncella es desposarse con el hombre más poderoso de la tierra, por ello podría expresar: ¨ Yo te señalo otro hombre todavía más poderoso, el mismo Señor Jesucristo ¨.

 

II Carta de Santa Clara a Inés de Bohemia

 

 En esta carta, Clara, sin retraso, alerta a Inés, porque ceder en materia de pobreza significa contaminar una relación que se nutre totalmente de Dios, en comparación con el cual, todo otro bien debe ser estimado en nada.

En ella canta la unión en el tálamo nupcial con la belleza y luminosidad contemplativa:

 

Esta es la perfección por la que el mismo rey se acompañará de ti en su tálamo celestial, donde se sienta glorioso en su solio de estrellas,; que,  despreciando la realeza de un reino terrenal y estimado en poco la oferta de matrimonio con un emperador, te has hecho émula de la santísima pobreza y, con el espíritu de una gran humildad y de una caridad ardorosísima, has seguido las huella de Aquel que merecidamente te ha tomado por esposa .

 

Estas palabras hacen la exhortación apremiante al invitar a perseverar y a avanzar con ligereza y andar apresurado. La novedad, el paso de esta carta es que dirige el deseo hacia la maternidad, proponiendo la figura de Raquel (Gen 29,18.20.30).

 

Clara termina esta carta con una invitación que es aplicable también a nosotros a que aún en medio de las cosas que nos estorben o que parezcan contrarias a la vocación divina nos abrasemos a Cristo pobre. Como dice ella: ¨ Míralo hecho despreciable por ti, y síguelo tú hecha despreciable por Él en este mundo. ¡Oh reina nobilísima!, observa, considera, contempla con anhelo de imitar a tu esposo, el más bello de entre los hombres ¨.  

 

III Carta de Clara a Inés de Bohemia

 

Clara sabe por experiencia personal que la contemplación conduce a la transformación, y en la tercera carta dice a Inés:  

 

«Fija tu mente en el espejo de la eternidad, fija tu alma en el esplendor de la gloria, fija corazón en la figura de divina sustancia, y transfórmate toda entera, por la contemplación, en la imagen de su divinidad... ama totalmente a quién totalmente se entrego por tu amor».

 

  A través de este amor y de la mirada puesta en el Amado, el primero que cumplió la donación total de sí mismo, se llega a la «transformación». Dado que la expresión de Cristo en la Cruz es la expresión exterior de su amor, y Clara amonesta a recordar siempre su pasión y así reavivar el amor de Cristo.  

 

En los escritos de Clara aparece abiertamente la compasión, el padecer Juntos, como una perla preciosa, en la cual no se puede suprimir la impresión de que, en la acentuación de la Cruz y de la mística esponsal el alma queda más unida a ella.

 

La mística de la Cruz y la mística esponsal, no deben centrarse en otra cosa sino en Cristo y este Crucificado, y las hermanas han de correr en pos de la fragancia de su perfume, esta es la enseñanza que Clara ha dado a sus hermanas. San Buenaventura toma el pensamiento de Clara que, sirviendo y viviendo en la comunión de destino con el Señor pobre y Crucificado, no se llega a ser sólo esposa del Señor pobre, sino también esposa del Rey Eterno.

 

Del pensamiento de la esponsalidad emana, no obstante la acentuación de seriedad del seguimiento, algo fascínate, fresco, lleno de entusiasmo y entusiasmante. Ser esposa significa tener un amor siempre nuevo, ser joven de corazón.

 

IV Carta de Clara a Inés de Bohemia

 

En esta carta Clara saca de su exquisita sensibilidad los acentos más tiernos para expresar su cariño a Inés. Esta carta canta e invita a las vírgenes a entonar el cántico del ¡cordero inmaculado!

 

Este es el título preferido para el esposo dando una colaboración pascual a toda la carta en la que la llama «ilustre reina esposa del Cordero, señora Inés» Clara entona su canto nuevo al describir los rasgos del esposo: el Cordero que abre los sellos, el espejo que revela la eternidad, el amado que reviste de hermosura y felicidad.  

 

«Dichosa realmente tú, pues se te concede participar de este connubio, y adhiérete con todas las fuerzas del corazón a aquel cuya hermosura admiran sin cesar todos los bienaventurados ejércitos celestiales...»

 

Tú, ¡Oh reina, esposa de Jesucristo!, mira diariamente este espejo, y observa constantemente en él tu rostro; y así podrás adornarte de toda prenda de virtudes, como corresponde a quién es hija y esposa castísima del rey supremo.

 

Contempla, además, sus inexplicables delicias, sus riquezas y honores perpetuos; y suspirado de amor, y forzada por la violencia del anhelo de tu corazón, exclama en alta voz:¡Atráeme! ¡Correremos a tu zaga al olor de tus perfumes, Oh Esposo celestial!

  

Clara nos propone por ello a contemplar a Jesús en su condición de esposo. Y el esposo puede exigir el amor sobre todas las cosas y de todo corazón, sin condiciones y en totalidad. Pero también como el Esposo que puede llenar de tal manera la vida y la exigencia, que con solo Él baste y sea suficiente.      

 

COMO DEBE VIVIR LA NUPCIALIDAD LA CAPUCHINA DE HOY

 

Para desarrollar este tercer punto, parto de la siguiente pregunta que constantemente me ha cuestionado: ¿Cómo se debe vivir la vida nupcial hoy en una consagrada? ¿Especialmente en una hermana Clarisa Capuchina?

 

Trataré de dar una posible respuesta desde mi experiencia como hermana clarisa capuchina. El ejemplo de vida esponsal que nos ha heredado nuestra madre Santa Clara en sus Escritos ha sido fuente que ha nutrido a innumerables hermanas en este largo recorrido de ochos siglos que ha permanecido nuestra segunda Orden. Me siento orgullosa de ver y saber cómo hoy en día en nuestros conventos tenemos hermanas que nos transmiten un testimonio de esa entrega de amor esposal, que día a día viven con intensidad y entrega generosa.

 

Ahora bien, para darnos una idea más clara de lo que se debe vivir en nuestros días trataré de presentar algunas reflexiones que algunos escritores han tratado sobre este aspecto, tomando como fuente principal la vivencia de santa Clara.

 

 

 

 

Siguiendo a Clara ejemplo de mujer

 

Clara es vista hoy más que nunca como un ejemplo espléndido  de mujer plenamente realizada, supo poner en juego todos los valores que enriquecen la personalidad femenina: sensibilidad, intuición, actitud abierta y concreta ante la realidad, entereza frente a intentos masculinos de manipular a la mujer. Ella es modelo de mujer de fe, consciente y profundamente vivida, proyectada en la vida y comprometida. Un ejemplo del valor que adquiere una existencia cuando se llega a mirarla como la encarnación de un ideal grande como fue no quitar sus ojos  de la contemplación, de meditar más y más en el amor de Dios, incluso de una utopía, como una misión de llevar a cabo un ideal que vale la pena defender con firmeza. Al hablar de santa Clara hoy, se debe hablar también de la actualidad del franciscanismo femenino en general, y de modo particular de la actualidad del sector contemplativo en el que realiza su entrega total de amor esponsal.

 

La vida pobre posibilita el amar-tocar-estar unida a Jesús en un modo de ganancia de enorme hermosura, es el pretendiente que enreda totalmente en el espiral del amor, es el que adorna la persona con el ornato que lleva derecho al amor pleno. Un modo de entender lo pobre desde lo cálido del afecto. Verse amada es para Clara la razón que sustenta su opción de pobre. No es algo secundario y periférico, sino el valor de lo pobre como cause y de lo esponsal como vivencia, no sólo es aportar unos simples elementos carismáticos sino los impulsos decisivos para llegar al fondo del seguimiento del crucificado.

 

Una fase nueva

 

La vida religiosa capuchina hoy ha entrada en una fase totalmente nueva. Muchos religiosos y religiosos, hoy, se sienten desmoralizados, desilusionados y desanimados debido a la disminución en número y a la edad promedio más alta en sus congregaciones. Para muchos, les parece como si la vida religiosa estuviese en decadencia y hasta moribunda. No estamos en decadencia. Simplemente estamos entrando en una nueva era que promete ser más grande y más profunda de lo que se haya visto en el pasado; pero no en números.

 

Vivimos en un mundo que solo puede medir grandeza en términos de números y tamaño. “Esta es la institución más grande de su categoría”. “Hemos sido seducidos por números...pero no por la calidad o la profundidad; no nos sorprende, entonces, que la vida religiosa está siendo medida en términos de tamaño. No nos sorprende que está aturdida por la reciente disminución numérica”

Obreros en la mies

Una de las cosas que ha confundido a generaciones pasadas y sigue confundiendo a muchos hoy es nuestra interpretación del dicho famoso de Jesús: “La mies es mucha y los obreros pocos”. Interpretamos este pasaje como que se necesita más vocaciones al sacerdocio y a la vida religiosa. Pero, este no es su significado. Significa, más bien, que se necesitan más cristianos para anunciar el evangelio y estar al servicio de los demás, trabajando como Iglesia. No quiere decir que se necesitan más varones y mujeres que hagan profesión de pobreza, castidad y obediencia. Sacerdotes y religiosos/as no son los únicos obreros en la viña ni tampoco deben ser los únicos. Todos los cristianos están llamados a ser ministros de una manera u otra. Uno de los mayores problemas del pasado es que pensábamos que la única manera de trabajar en la viña del Señor y de trabajar por la Iglesia era como sacerdote o religioso/a.

 

Lo que se está redescubriendo hoy en día es que la vida religiosa no es un trabajo. No estamos llamados como religiosos/as para hacer algo; más bien, estamos llamados para ser algo – para ser testigos proféticos en el mundo, adoptando una forma de vida, a imitación de Jesús, distinta de la forma usual, es decir, la vida matrimonial. Luego, como cualquier otro cristiano en cualquier otra forma de vida, también, la mayoría de nosotros estamos llamados a ser obreros en la mies.

Religiosos/as como contemplativos/as

Entonces, ¿cuál es el significado original de la vida religiosa? Todos los autores de hoy, escribiendo sobre la vida religiosa, dirán que el único fin de esta forma de vida es la búsqueda de Dios. Por eso, personas como San Antonio fueron al desierto; por eso, San Benito fundó monasterios; San Francisco de Asís volvió a la radicalidad del Evangelio, Clara vivió su nupcialidad en un abandono, por esto, todos pronuncian, o deben pronunciar, los votos de pobreza, castidad y obediencia. En otras palabras, todos los religiosos y religiosas, incluyendo aquellos y aquellas que pertenecen a congregaciones de vida activa o apostólica, son, antes de todo, contemplativos/as.

 

Pero, como religiosos/as, nuestros ministerios y apostolados deben surgir desde nuestra contemplación, desde nuestro compromiso muy especial de una búsqueda durante toda la vida de Dios. En otras palabras, nuestras actividades siempre son secundarias. Son nuestra oración y nuestra contemplación las que tienen que ocupar el primer lugar. Esto es lo que da sentido a nuestras vidas como religiosos/as.

 

Regresar a esta manera de entender la vida religiosa, transformaría la manera en que consideramos la edad avanzada y los/las jubilados/as en nuestras congregaciones. Si la razón primaria de la vida religiosa es buscar a Dios, entonces cuando llegamos a ser muy viejos o enfermos para participar en un ministerio activo, no nos hacen inútiles. Actualmente, la edad avanzada y la jubilación nos ofrecerían más tiempo para cumplir con nuestra búsqueda contemplativa de Dios, para simplemente ser religiosos/as.

 

Nunca debemos considerar a los religiosos de edad avanzada o jubilados como una carga. Tampoco sería motivo de desesperanza que hubiera un aumento de gente mayor en las comunidades. Sus oraciones, su sabiduría, su búsqueda más profunda para Dios es precisamente de lo que se trata en la vida religiosa. Debemos apreciarlos por esto aunque no todos o todas son ejemplares. La verdadera prueba para todos nosotros sería nuestra disponibilidad a jubilarnos como religiosos a una vida contemplativa y unión con Dios.

El testimonio de nuestras vidas

 

Nuestro testimonio profético, es nuestro modo de entender la nupcialidad entonces, no consiste simplemente en mostrar a las personas cómo amar o cómo vivir en paz con justicia. Nuestro testimonio profético es, ante todo, un testimonio de la realidad de Dios, de la seriedad de la creencia en Dios, de la importancia para la vida de eliminar malentendidos y errores acerca de Dios.

 

Sin embargo, si nuestra vida religiosa es una búsqueda genuina y honesta de Dios, daremos un testimonio de lo que significa realmente creer en Dios y de la importancia práctica de una búsqueda sin fin de Dios. Tiene que ser visible que tomamos en serio a Dios; tan en serio que estamos dispuestos a renunciar a una familiar y a nuestra propia voluntad. En un mundo en que la mayoría ya no cree en Dios. Sin embargo, por el contrario, lo que está emergiendo en nuestro mundo hoy es una creciente hambre de paz interior, de silencio y de meditación, de una espiritualidad y contemplación, de un significado para la vida y de una esperanza. Mostramos signos de que tenemos algunas de las cosas que la gente necesita en sus vidas, la paz y la libertad interior, y un espíritu de esperanza, quizás comenzarán a escuchar nuestro mensaje acerca de Dios. Si fuéramos reconocidos como personas profundamente espirituales que pasaran tiempo en oración y meditación, quizás comenzaríamos a atraer de nuevo vocaciones no para el trabajo apostólico sino para nuestra espiritualidad y carisma.

 

La búsqueda de Dios

 

La búsqueda de Dios es una manera de vivir, la nupcialidad de una manera contemplativa una espiritualidad completa con Cristo. Lo que quiere decir, en la práctica, es que los religiosos y las religiosas son personas que intentan enfocar toda su vida hacia Dios. Todo que hagan o digan o reflexionen debe estar centrado en Dios.

 

Si todo esto debe ser nuestra meta y propósito como religiosos, deberíamos decir algo más sobre lo que significa hoy día.

 

La realidad de Dios está presente en la gente, en la sociedad, en los problemas y eventos de nuestro tiempo, en el clamor de los pobres, en la creación entera, en las aves, en las montañas y en las estrellas. Dios está presente en los misterios y maravillas del universo. Dios está presente activamente en todo el proceso de evolución y en las actuales luchas por conservar la tierra y liberar a los pobres.

 

Por supuesto, también buscamos a Dios en la Biblia, y ante todo, en Jesús quien es la Palabra de Dios. Experimentamos la presencia de Jesús en las palabras del evangelio y en los sacramentos de la Iglesia.

 

Pero, hay un lugar que es de importancia fundamental en nuestra búsqueda de Dios y, especialmente hoy, y este está en nosotros mismos, en nuestros corazones.

Desprendimiento

Si la clave de la continua profundización en nuestra búsqueda de Dios es el auto-conocimiento, se sigue que la clave del auto-conocimiento será el desprendimiento. Tal vez no haya cuestión más importante para la revitalización de la vida religiosa hoy día que una comprensión correcta y una práctica del desprendimiento, en el sentido que sin un auténtico desprendimiento no podríamos amar de verdad y con sinceridad como Jesús lo hizo.

 

Desprendimiento Para la mayoría de la gente suena como una especie de indiferencia, una falta de sentimientos, de emociones y de pasiones. Se piensa que una persona desprendida es como un pedazo de madera. Pero, en las tradiciones espirituales, el significado es muy distinto. Más bien, significa libertad, del apego a las muchas cosas que nos encadenan en la vida. Estamos esclavizados a muchas cosas sin, darnos cuenta. Sin embargo, son precisamente estas cosas, como la viga en nuestro ojo, las que nos detienen en nuestra búsqueda de Dios. En otras palabras, tenemos que estar liberados de ellas y no estar esclavizados por ellas. Las cosas a las que estemos apegados quizás no sean malas en sí. Es nuestra dependencia de ellas lo que es el problema. Si no podemos soltar nuestras viejas imágenes, no podremos avanzar en la búsqueda de Dios. La vida religiosa revivirá y crecerá, no necesariamente en número sino en nuevas formas y nuevas prácticas y en su calidad de testimonio.

 

El ejemplo de renuncia de Santa Inés de Praga ante la oferta de matrimonio con el emperador por elegir a Cristo el Rey de reyes, debe motivarnos a comunicar la buena nueva de nuestra elección por Cristo como esposo, a las jóvenes de hoy día, a pesar de que son pocas las que tocan a nuestros monasterios. Nuestra experiencia nupcial debe ser cumbre del amor de Dios, este simbolismo no es un adorno caprichoso, sino que representa una de las cumbres de la revelación del amor de Dios (Cf.1Cta.)

 

 La vivencia de la nupcialidad en las hermanas Clarisas Capuchinas en nuestros días es una realidad ya que hay hermanas entregadas fielmente a su vocación de esposas de Jesucristo que transmiten el amor de Dios a los hombres tan necesitados de ese amor Divino. Por lo cual, no debemos olvidar que hoy en día se nos sigue motivando a todas las consagradas a seguir haciendo vida la espiritualidad de nuestros fundadores.

 

Referencias de notas al pie de página

JUAN PABLO II , Encíclica, Redemptionis Donum  p.20

RODRÍGUEZ Aparicio Ángel, La Vida Religiosa documentos conciliares y posconciliares,  ITVR Madrid 1987   P.98

JUAN PABLO II , Encíclica, Redemptionis Donum  p.22

 

JUAN PABLO II , Encíclica, Redemptionis Donum  p.22

Ibidem. 23

Biblia de Jerusalén. DESCLEE BAWUER, Ed. PAULINAS. 1998.

JUAN PABLO II , Encíclica, Redemptionis Donum  p.86

TREVIÑO MARÍA VICTORIA, La vía de la belleza, BAC Madrid • 2003 p. 28

BARTOLI MARCO, Clara de Asís, Editorial Franciscana Aranzazu, 1992 p. 186

 Ibíd. p. 166

LAINATI AUGUSTA CHIARA  Santa Clara de Asís, p. 24

TREVIÑO MARÍA VICTORIA, La vía de la belleza, BIBLIOTECA DE AUTORES CRISTIANOS

     Madrid , 2003,  p. 166

S. LÓPEZ, OFM, Lectura teológica de la Carta I de santa Clara, Selección de FRANCISCANISMO 55

   1990    p.22

TREVIÑO María Victoria, La vía de la belleza, BAC Madrid • 2003 p. 2168

 

MARCHITELLI ELENA, La alianza nupcial con Cristo en las carta de santa Clara de Asís, Selección de FRANCISCANISMO 84 1999 p. 420.    

OMAECHEVARRIA. IGNACIO O.F.M. escritos de santa Clara, BIBLIOTECA DE AUTORES CRISTIANOS, EDITORIAL, MADRID, 1970 p. 370.

 OMAECHEVARRIA. IGNACIO O.F.M. escritos de santa Clara, BIBLIOTECA DE AUTORES

    CRISTIANOS, EDITORIAL,  MADRID, 1970 p. 375

BARTOLI MARCO, Clara de Asís, Editorial Franciscana Aranzazu, 1992 p.186.

OMAECHEVARRIA. IGNACIO O.F.M. escritos de santa Clara, BIBLIOTECA DE AUTORES

    CRISTIANOS, EDITORIAL,  MADRID, 1970 p. 382

Ibid. p. 384

SCHLOSSER MARIANNE, Madre Hermana y  Esposa ,Contribución al espiritualidad de santa Clara #71, 1995 p. 264

Ibid. P.265

Ibid. p.266

TREVIÑO MARÍA VICTORIA, La vía de la belleza, BAC Madrid • 2003 p. 178

Ibid. P.178

OMAECHEVARRIA. IGNACIO O.F.M. escritos de santa Clara, BIBLIOTECA DE AUTORES

    CRISTIANOS, EDITORIAL,  MADRID, 1970 p. 396

CLARA AYER Y HOY, Revista de circulación interna, volumen 1 Agosto de 1993 p. 6

CLARA AYER Y HOY, Revista de circulación interna, volumen 1 Septiembre de 1993 p. 2

MENENDO, Maite, Reducción en la vida religiosa hoy, ed., frontera Hegegian, España.  pág. 20.

Ibíd. Pág., 25-30

 

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