EL SILENCIO QUE PROCLAMA LO ABSOLUTO

Reflexion del Padre  William Kraus, OFM Cap.

Asistente de la Federacion de Nuestra Señora de los Angeles

En la Misa del domingo pasado, Dios me regaló una imagen preciosa de la Cuaresma.  Durante la proclamación del Evangelio, observé a una niña de unos cuatro años con su familia en la banca directamente en frente del ambón.  Jalándose adelante con sus manos y descansando su barbilla encima de la banca en frente de ella, miraba con intensidad hacia arriba y fijaba toda su atención en la Palabra proclamándose por el diácono.

No podía desviar mis ojos de la cara extasiada de la niña, y en aquel momento pedí a Dios que me concediera un corazón semejante: abierto y receptivo a amar y contemplar y vivir su Palabra cada día como un nuevo don de salvación.

Empezamos en la Iglesia el ciclo pascual (cuaresma-pascua-pentecostés) e iniciamos en la Federación el 800 aniversario de la llamada de Santa Clara.  Estamos invitados en este tiempo de gracia a renovarnos en la vida eclesial y profundizar en nuestra vocación capuchina. Quiero reflexionar con ustedes en este primero de nuestros mensajes mensuales sobre un tema fundamental en la cuaresma y en nuestra vida contemplativa: el silencio.

Es decir, el silencio que fija su atención totalmente en el misterio de Dios y el silencio que proclama que Él es el principio, el fin, el Absoluto de nuestra existencia.

Juan Pablo II al desarrollar su teología del cuerpo hablaba sobre la creación de Adán y su condición, antes de la creación de Eva, de una “soledad primordial.”  En Génesis esta solitud original es un silencio sagrado, un espacio abierto, un poder dinámico hacia Dios y el resto de la creación.  Al crear a Eva (la mujer), Dios llenó este espacio para Adán (el hombre) con una compañera y los dos forman la familia humana.

Pero no es la vocación para todos.

Unos están llamados a entrar en esta solitud original, guardarla y protegerla como un don esencial en la experiencia humana, y proclamar precisamente por el silencio que Dios es últimamente el Único que pueda llenar este espacio y satisfacer el anhelo humano.  Para todo el género humano, incluso los matrimonios, nuestros corazones están inquietos hasta que descansen en Dios.

Es muy evidente que muchos seres humanos están ahogándose en el tsunami del ruido ensordecedor.  Santa Clara y toda la tradición contemplativa afirman por el contrario que el silencio atento a Dios es necesario para el verdadero amor y para la fraternidad humana.  Que abracemos esta vocación y vivámosla en este tiempo cuaresmal y jubilar, para fructificar esta solitud primordial con muchísima vida nueva en el Espíritu de Dios y en el misterio pascual de Jesús.

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