LA CLAUSURA: ABRIENDO UN ESPACIO PARA DIOS Y LAS HERMANAS

(Spanish for quotes from Giacomo…)

 ¿Cómo podemos volver bella nuestra vida hoy? Valorando los espacios: los angostos espacios de la clausura pueden convertirse en lugares de fiesta, y no de penitencia, si están iluminados y caldeados por una Presencia. ¡Qué importante es en la vida claustral contemplativa valorar los lugares! En la simplicidad franciscana, que forma y ayuda la relación, hay una belleza estupenda; en el orden, la limpieza y la decoración de los ambientes de un monasterio hay una armonía «contemplativa». Al mismo tiempo, quien vive la comunión se vuelve creativo cuando prepara los lugares y el espacio para el encuentro con el Amor y con los otros.

La belleza de nuestra vocación nace de esta construcción espiritual armónica en la que todo encuentra su lugar, pues todo: tiempo, espacio, trabajo, descanso, silencio, palabra… hace referencia a la relación esponsal con el Señor y se vincula con ella. La contemplación es precisamente esa armonía que hay que construir diariamente, en primer lugar en nuestro proprio interior, donde nos espera Aquel que nos habita. San Agustín decía: «Noli foras ire»: No salgas de ti mismo; a Dios lo encuentras dentro de ti. Sólo puedes salir hacia el otro, hacia el mundo con todo tú mismo, ese tú mismo reconciliado con Dios y acompañado de Dios. Entonces, ni siquiera las tensiones, que no faltarán nunca, entre el «dentro» y el «fuera», entre carisma y estructuras, entre alma y cuerpo, entre clausura y mundo, entre vida personal y vida de fraternidad turbarán la armonía y la serenidad profunda, pues la contemplativa siempre encontrará la senda que conduce al Absoluto, senda de paz y no de turbación, ansiedad o preocupaciones.

1.- «¡Salve, palacio de Dios! ¡Salve, tabernáculo de Dios! ¡Salve, casa de Dios! ¡Salve, vestidura de Dios! ¡Salve, esclava de Dios! ¡Salve, Madre de Dios» (SalVM 4-5). ¿Somos también nosotras «palacio, tabernáculo, casa, vestidura, esclavas, madres» de Dios? ¿Cómo vivimos esta realidad? ¿Cómo logramos armonizar las estructuras cotidianas (horario, lugares, tiempos…) y hacer que converjan en la «pasión contemplativa» que nos habita?

2.- El silencio, exterior e interior, custodia y favorece nuestra vida interior. ¿Cómo armonizamos estos valores con lo «exterior» (teléfono, medios de comunicación escrita, internet, televisión, locutorio…)? ¿Logramos usar estos instrumentos sin que perjudiquen nuestra contemplación personal y comunitaria?

About srteresa