UN CANTO PASCUAL

UN CANTO PASCUAL

Durante la semana santa me fui para las confesiones en la prisión federal donde hago mi ministerio.  Caminé hacia la capilla a través de la árida y rocosa yarda que rodea los edificios grises, en medio de una nevada ligera.

Me dio mucho gusto ver un grupo de presos esperando el sacramento de reconciliación.  Pero mi corazón se regocijó aún más al mirar cerca de la puerta de la capilla un signo maravilloso de la vida nueva y resplandeciente: un racimo de narcisos que habían perforado la superficie de la tierra dura, habían crecido robustamente en el calor de la primavera, y ya estaban, me parecía, pregonando para todo el mundo sus blancas y amarillas “Aleluyas.”

“Nada puede detenernos,” cantaron nuestras hermanas narcisos aquella mañana, “cuando Dios está a nuestro lado.”  Ni la esterilidad del exilio, ni la dureza del pecado, ni la frialdad del mundo.  Jesús resucitó, él ha conquistado el pecado y la muerte.  “Nada puede detenerlo y nosotros somos sus trompetas. “

Hay muchas maneras de cantar “Aleluya” y “Exultet”: en el libro de la creación, en la Biblia de la salvación y en la historia de la Iglesia.  Para Santa Clara, la trompeta que pregonara la Resurrección fue su vida del Evangelio, adornada por la altísima pobreza, como estamos estudiando este mes en la Federación en La Origen de un Carisma.  La visión evangélica que compartió ella con San Francisco fue sencilla y concreta: caminar en los pasos de Jesús Pobre y nunca desviarse de aquel sendero.  Esto fue para ellos lo “suficiente” y su “todo” (véase las Alabanzas de Dios Altísimo por San Francisco).

El corazón de la vocación y la responsabilidad suprema para Santa Clara, San Francisco y sus discípulos/as es “guardar el Santo Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo,” como nos escribieron al empezar y al terminar sus Reglas (véase RegClara 1:1, 12:13; RegBulata 1:1, 12:4). El Evangelio – caminar en los pasos de Jesús Pobre – es nuestra tarea y nuestro tesoro. ¿Qué nos significa esto, práctica y concretamente, en unión con Santa Clara?

Nuestra pobreza y nuestra penitencia, nuestra pequeñez y nuestras limitaciones, nuestras enfermedades y debilidades no deben desanimarnos….más bien invitarnos cantar en nosotras y entre nosotras el poder y la providencia de Dios.  Nuestra vida fraterna en la oración, la comunidad y el trabajo no debe dividirnos….más bien unirnos en una sola proclamación de Jesús Resucitado.  Nuestro leer y estudiar y rezar de la palabra de Dios, como nuestra dieta espiritual de cada día, no debe ser un ejercicio rutinario….más bien una invitación al Espíritu Santo a formarnos constantemente en un Evangelio vivo.

¡Que rico para nosotros es el mes de abril!  Los narcisos desafían la dureza de la tierra para anunciar la vida nueva de Dios.   El domingo de ramos celebra los 800 años de Santa Clara abrazando el Evangelio.  El Misterio Pascual de Jesús nos conduce por la muerte hacia la re-creación como hijas e hijos de Dios y miembros de la Iglesia.  Démosle a Dios alabanzas fuertes, y forjemos de nuestras vidas evangélicas un coro de trompetas pregonando el amor y la bondad del Señor en medio de nosotros.

Felices Pascuas del Señor Jesús, Felices 800 Años de Santa Clara.   Fray Memo Kraus, OFM Cap.

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