CLARA RICA EN POBREZA

 

By sr Luz Maria Leyva, presidente de la Federación de Nuestra Señora de los Angeles

CLARA RICA EN POBREZA

Santa Clara es rica en pobreza porque  supo descubrir el tesoro escondido que se encuentra precisamente en ser pobre, ya que nuestro Señor Jesucristo ha dicho “ el reino de los cielos es de los pobres”

El mismo encierro voluntario en la clausura tiene para Santa Clara  un significado de pobreza, de éxodo. Ella no necesito recorrer el mundo para sentirse peregrina pobre en esta vida, sino que redujo el apego a las realidades terrenas hasta el punto de no querer tener bajo el cielo otra cosa que la única herencia, la altísima pobreza, que hace a los pobres de Cristo herederos del reino de los cielos.

La pobreza voluntaria en seguimiento de Cristo no es solo renuncia a los bienes de este mundo, sino un liberarse de todo lo que estorba para seguir  de cerca a Cristo pobre.

     Ser viajero obliga a desprenderse de todo y ayuda a no mirar hacia atrás, y así lo hizo Santa Clara. ¿Quién conocerá jamás la profundidad del sufrimiento que experimentó su corazón al separarse de la casa paterna y aventurarse a una vida incierta?.

     Una de sus cruces debió ser la pobreza radical, puesto que  había crecido en un ambiente de bienestar y seguridad. Por eso Clara conoció todo lo que es inherente a la debilidad humana. Hela ahí, pues, en un camino de soledad, porque no se trata de una llegada, sino de una partida hacia otro destino, y Clara quiso caminar con sólo la presencia de Dios.

     “! Oh admirable humildad, oh asombrosa pobreza: el Rey de los ángeles, Señor del cielo y tierra, es reclinado en un pesebre!”.

             Gran lucha en la vida de santa Clara fue obtener el privilegio de la pobreza, que Clara amó porque Cristo la amó.     De los labios de Clara se derramaron éstas palabras: “¡Oh pobreza santa! A quienes la poseen y desean, Dios promete el Reino de los cielos y ofrece garantía de gloria eterna y de la vida bienaventurada ¡Oh pobreza piadosa, que se dignó abrazar, por encima de todo, el Señor Jesucristo!”(Cl4C). En efecto Cristo no tuvo donde reclinar su cabeza (Mt 8,20), sino que, inclinándola en la cruz, estregó su espíritu (Jn 19,30).

      En las cartas de santa Clara hay reflejo de su vida penitente en la pobreza. Más, sin embargo, toda incomodidad que su cuerpo sufrió por motivo de la pobreza, ella lo trascendió y transformó en un regalo amoroso para el Señor; y para sus hermanas.

      Clara en la primera carta a Inés de Praga, le expresa el gozo que ha tenido por la elección que ha hecho al cambiar las riquezas temporales del mundo por las del reino de Dios, diciéndole: “Estando en vuestras manos desposaros legítimamente con el ínclito emperador, habéis rechazado todo esto y habéis preferido con toda el alma y todo el ardor, la santísima pobreza y las privaciones del cuerpo”.

     Cristo convirtiéndose por tu salvación en el más vil de los hombres, despreciado, golpeado y azotado de tantas maneras en todo su cuerpo, muriendo entre los atroces dolores de la cruz.

     Son como un eco las  palabras de la madre pobrísima: “No cabe duda que vos sabéis que el reino de los cielos lo promete el Señor solamente a los pobres, ya que cuando se aman las cosas temporales, se pierde el fruto de la caridad”. No es posible ambicionar gloria en este mundo y reinar después con Cristo (Cl4C).

      Pero, sin descuidar ningún aspecto y evitando que la pobreza se convierta en causa de sufrimiento inhumano, santa Clara en la regla deja expresamente el siguiente punto: “La abadesa está firmemente obligada a informarse con solicitud personalmente y por medio de las demás hermanas, sobre las hermanas enfermas, y a proveerlas caritativa y misericordiosamente, según la posibilidad del lugar, en cuanto a remedios, alimento, y demás cosas necesarias que requiere su enfermedad” (ClR).

     Para Clara, como para toda alma que aspira a la imitación de Cristo pobre, comienza un largo camino en el desierto del espíritu. Su ruta estaba sembrada de muchos obstáculos, los de la vida comunitaria con todos sus riesgos, la enfermedad y los ataques del adversario.

Sin embargo  vemos como para Santa Clara son sumamente importantes las hermanas, los otros, no el yo, sino el tú, sobre todo el Cristo pobre y doliente en la persona de la hermana enferma.

Clara encontró su riqueza en la pobreza, cuyo privilegio fue concedido por el  Papa Inocencio III para dejarnos como herencia tan preciado tesoro.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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