LA CLAUSURA: ABRIENDO UN ESPACIO PARA DIOS Y LAS HERMANAS

 

Reflexion del Padre Guillermo Kraus, OFM Cap.

El Salmo 123 es el salmo más amado en todo el mundo, no solamente por sus atractivas metáforas sino por la verdad de su mensaje: Jesús ha sido un Pastor dador de vida por 2000 años para aquellos que lo han seguido.  Una tarea esencial del pastor es guardar el rebaño y proteger su “reposo” (Psalm 23:2) – una imagen de la gracia de la contemplación– que ha sido en la historia de la Iglesia y de la Orden un constante cuidado de papas y obispos, de provinciales y frailes, de abadesas y de las mismas hermanas en la vida contemplativa.

Para nosotras a quienes se nos ha dado la gracia de una vocación contemplativa, la clausura es una apertura, un ensanchar, un ampliar el espacio en el que hemos escogido habitar con Dios y nuestras hermanas. Muros y rejas y llaves, restricciones y limitaciones, encerrarse, ritmo y silencio y hermosos espacios son todos a servicio de la libertad necesaria para vivir relaciones con el Amor: el Esposo y las hermanas que lo buscan juntas. Un sabio y prudente control del espacio exterior abre el espacio interior; opciones cuidadosas y limitaciones de interacciones y amistades de fuera, nutren profundas amistades en la fraternidad; una deliberada supervisión y control de palabras e imágenes que entran electrónicamente en nuestras mentes y corazones, conserva nuestro espacio interior libre y abierto a la oración y a un generoso servicio a nuestras hermanas.

En este año aniversario, estamos invitados a preguntarnos qué necesita mejorar en nuestra observancia de la clausura. En algunos monasterios, demasiadas hermanas dejan la clausura por actividades innecesarias, es decir, más allá de los viajes razonables y prudentes por necesidades de salud y negocios, por formación permanente, por eventos eclesiales y francis-clarinos fuera del monasterio. En otros monasterios –y tal vez este es el examen más importante- demasiado ruido, demasiadas visitas a la puerta demasiadas llamadas telefónicas, demasiado tiempo pasado en la televisión o en la computadora, invaden el sagrado espacio de nuestros conventos y sobre todo de nuestros corazones.

Pero una precaución es necesaria: no debemos confundir rudeza y descortesía a la puerta o en el teléfono con la clausura. Cortesía y hospitalidad son esenciales virtudes cristianas y clarianas, al decisdir cómo responder dentro de la clausura a las llamadas telefónicas y a las visitas.

Br. Giacomo Bini, OFM, anterior ministro general. escribió en su carta wrote in his Clara de Asís: Un Canto de Alabanza (Roma, 2002) algunas palabras inspiradoras sobre los espacios de la vida contemplativa clariana.

 

¿Cómo podemos volver bella nuestra vida hoy? Valorando los espacios: los angostos espacios de la clausura pueden convertirse en lugares de fiesta, y no de penitencia, si están iluminados y caldeados por una Presencia. ¡Qué importante es en la vida claustral contemplativa valorar los lugares! En la simplicidad franciscana, que forma y ayuda la relación, hay una belleza estupenda; en el orden, la limpieza y la decoración de los ambientes de un monasterio hay una armonía «contemplativa». Al mismo tiempo, quien vive la comunión se vuelve creativo cuando prepara los lugares y el espacio para el encuentro con el Amor y con los otros.

La belleza de nuestra vocación nace de esta construcción espiritual armónica en la que todo encuentra su lugar, pues todo: tiempo, espacio, trabajo, descanso, silencio, palabra… hace referencia a la relación esponsal con el Señor y se vincula con ella. La contemplación es precisamente esa armonía que hay que construir diariamente, en primer lugar en nuestro proprio interior, donde nos espera Aquel que nos habita. San Agustín decía: «Noli foras ire»: No salgas de ti mismo; a Dios lo encuentras dentro de ti. Sólo puedes salir hacia el otro, hacia el mundo con todo tú mismo, ese tú mismo reconciliado con Dios y acompañado de Dios. Entonces, ni siquiera las tensiones, que no faltarán nunca, entre el «dentro» y el «fuera», entre carisma y estructuras, entre alma y cuerpo, entre clausura y mundo, entre vida personal y vida de fraternidad turbarán la armonía y la serenidad profunda, pues la contemplativa siempre encontrará la senda que conduce al Absoluto, senda de paz y no de turbación, ansiedad o preocupaciones.

1.- «¡Salve, palacio de Dios! ¡Salve, tabernáculo de Dios! ¡Salve, casa de Dios! ¡Salve, vestidura de Dios! ¡Salve, esclava de Dios! ¡Salve, Madre de Dios» (SalVM 4-5). ¿Somos también nosotras «palacio, tabernáculo, casa, vestidura, esclavas, madres» de Dios? ¿Cómo vivimos esta realidad? ¿Cómo logramos armonizar las estructuras cotidianas (horario, lugares, tiempos…) y hacer que converjan en la «pasión contemplativa» que nos habita?

2.- El silencio, exterior e interior, custodia y favorece nuestra vida interior. ¿Cómo armonizamos estos valores con lo «exterior» (teléfono, medios de comunicación escrita, internet, televisión, locutorio…)? ¿Logramos usar estos instrumentos sin que perjudiquen nuestra contemplación personal y comunitaria?

 

 

 

 

 

 

About srteresa