MEDITACIÓN PARA EL 18 DE ABRIL: UNA HORA CON EL CRUCIFICADO

Reflexion para la hora santa por la hermana  Maria de Cristo ( presidente of the Federación)

MEDITACIÓN PARA EL 18 DE ABRIL: UNA HORA CON EL CRUCIFICADO

En el mes de abril, nuestra Hora Santa en celebración de los 800 años de la vocación de Santa Clara cae, a nuestro provecho bendito, en el lunes de la Semana Santa.

Este domingo Jesús entra en Jerusalén montado encima de un burro en “sublime humildad y humilde sublimidad,” como Francisco dijo comentando sobre su Señor Eucarístico (CtaOrd), también como escribió Clara de la Encarnación: “¡O admirable humildad!  ¡O asombrosa pobreza!” (4CtaCl).  El día viernes sale Jesús de la ciudad rumbo Calvario, aplastado por la madera de su amor derramado.  Pero en la noche anterior, después de su cena santa con los apóstoles, Jesús les implora quedarse con Él por “una hora de oración” mientras que Él se prepara a ofrecer su último “si” de su vida a su Padre celestial.

¿Cómo podríamos nosotros pasar nuestra hora santa con Él?  Arrodillándonos en arrepentimiento humilde, escuchando  los suspiros de Jesús en Getsemaní, mezclando nuestras lágrimas con su sudor de sangre.  Mirando hacia arriba al Salvador suspendido en el árbol para recordarnos de su amor eterno para con nosotros. Abrazando su cuerpo moribundo, nuestros corazones rebosando con gratitud,  acercándonos a su corazón quebrantado para ser bañados nuevamente en la sangre de salvación.  Sentándonos en solidaridad silenciosa con toda la gente del mundo que anhela la vida, la dignidad, la paz y la bondad de Dios.

¿Qué nos diría Clara, nuestra madre y nuestra hermana, en esta hora de velación con Jesús en la semana santísima?

“En medio del espejo, considera la humildad, al menos la bienaventurada pobreza,

los innumerables trabajos y penalidades que soportó

por la redención del género humano.

Y al final del mismo espejo, contempla la inefable caridad,

por la que quiso padecer en el árbol de la cruz y morir en el mismo

del género de muerte más ignominioso de todos.

Por eso, el mismo Espejo, puesto en el árbol de la cruz,

advertía a los transeúntes lo que se tenía que considerar aquí, diciendo:

¡Oh ustedes, todos los que pasan por el camino, miren y vean si hay dolor

 semejante a mi dolor! (Lam 1,12)” (4CtaCl).

About srteresa