NOVENA A SANTA CLARA

 

Por las Capuchinas de Granada, España

Día 1º.- Amigos de Dios. La llamada.

 

Oración.

 

Padre lleno de amor, que concediste a santa Clara seguir a Cristo con su vida de pobreza y oración, al finalizar este 8º centenario de su conversión y consagración a Cristo, te pedimos por su intercesión, que aprendamos a tener confianza en la providencia, que nunca nos abandona y a aceptar serenamente tu divina voluntad. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

 

Consideración.- Santa Clara vivió la amistad divina con una correspondencia de amor total.  El amor del Señor es la explicación de su vida entera. Ella escribió revelándonos el hondón profundo de su alma: “Ama con todo tu corazón  a Dios y a su Hijo Jesús que fue crucificado por nosotros”.  Clara nos repite: basta con amar enteramente, dejándose penetrar por el amor de Dios “que nos amó primero”.

 

En este  centenario clariano, leamos de los testigos que la conocieron y que hablaron en el  Proceso de su  canonización, lo que ellos nos cuentan de su vocación.

XX. VIGÉSIMO TESTIGO. Juan Ventura de Asís juró sobre las antedichas cosas, y dijo que el testigo moraba en casa de madonna Clara mientras ella estuvo en casa de su padre, siendo muchacha y virgen, pues él era hombre de armas de la casa. Y entonces madonna Clara podía tener unos dieciocho años. Y era del más noble abolengo de toda la ciudad de Asís, por parte de padre y de madre. Su padre se llamó messer Favarone, y su abuelo, messer Offreduccio de Bernardino. Y la muchacha era tan honesta en su vida y costumbres como si hubiese estado mucho tiempo en el monasterio. Preguntado sobre qué vida llevaba, respondió: aunque la corte de su casa era de las mayores de la ciudad y en ella se hacían grandes dispendios, con todo, los alimentos que le daban como en gran casa para comer, ella los reservaba y ocultaba, y luego los enviaba a los pobres. Preguntado por cómo sabía las dichas cosas, contestó que, estando él en casa, las veía y las creía firmemente, porque así se decía. Y ella, viviendo todavía en casa de su padre, llevaba bajo los otros vestidos una [áspera] estameña [o cilicio] de color blanco. Dijo también que ayunaba y permanecía en oración, y hacía otras obras piadosas, como él había visto; y que se creía que desde el principio estaba inspirada por el Espíritu Santo. También declaró que la dicha madonna Clara, cuando oyó que san Francisco había elegido el camino de la pobreza, decidió en su corazón hacer también ella lo mismo.

PRECES.

Alabemos con gozo a Cristo quien, para Clara se ha convertido en camino, verdad y vida y supliquémosle, diciendo:

Jesús,  camino, verdad y vida, escúchanos.

 

Te alabamos Señor, porque  a través de la historia sigues llamando hombres y mujeres a compartir tu misión de anunciar el Reino. Haz que seamos verdaderos testigos tuyos ante nuestros hermanos.

 

Te alabamos, Señor, porque a Francisco y Clara has inspirado el deseo de consagrar sus vidas a tu servicio y al de los hermanos viviendo el Evangelio sin glosa. Concédenos que en nuestro tiempo sigamos haciendo fecunda esta inspiración de nuestros fundadores.

 

Tú que infundiste a Santa Clara la fuerza y el valor de responder a tu llamada, danos la valentía de mantener nuestro sí en cada momento de la vida.

 

Canto:

 

ORACIÓN.

Oh Dios, tu Espíritu que iluminó  a Santa Clara para discernir la voz de tu llamada, a través de la vida, ejemplo y consejo de San Francisco y dio fortaleza para responder, ilumine y fortalezca nuestras vidas, para que en el hoy de nuestra historia y sociedad, seamos luz que ilumine la realidad de nuestro mundo en su peregrinar a Ti. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

 

Compromiso para este día.- Como N. M. Santa Clara repitamos hoy a modo de jaculatoria agradeciendo a Dios el don de la vocación: “Gracias porque que creaste, porque me pensaste, gracias”.

 

           

Día 2.- El Evangelio.  La Conversión.

 

Oración.

 

Padre lleno de amor, que concediste a santa Clara seguir a Cristo con su vida de pobreza y oración, al finalizar este 8º centenario de su conversión y consagración a Cristo, te pedimos por su intercesión, que aprendamos a tener confianza en la providencia, que nunca nos abandona y a aceptar serenamente tu divina voluntad. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

 

Consideración.- Santa Clara atraída por el Evangelio desde su juventud, hasta el último respiro permaneció fiel a su promesa: “Guardar el santo Evangelio de nuestro Señor Jesucristo”. Fue la suya una vida limpia, iluminada día a día con la luz del Evangelio seguido como norma única. Que en nosotras se cumplan, como en Clara, las promesas de Jesús: “Dichosos los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen”.

 

En este  centenario clariano, leamos de los testigos que la conocieron y que hablaron en el  Proceso de su  canonización, lo que ellos nos cuentan de su vida de conversión.

XVII. DECIMOSÉPTIMA TESTIGO. Madonna Bona de Guelfuccio de Asís declaró bajo juramento que conoció a santa Clara de cuando ella estaba en casa de su padre, pues la trató y estuvo en casa con ella; y por la mucha santidad de su vida, antes y después de entrar en religión, creía firmemente que había sido santificada en el vientre de su madre. Enviaba a los pobres los alimentos que decía comer, y la testigo certificaba habérselos llevado muchas veces. La madonna Clara fue tenida siempre por todos como virgen purísima, y tenía gran fervor de espíritu, pensando cómo podría servir a Dios y agradarle. Por esta razón, la testigo fue muchas veces con ella a hablar con san Francisco, e iba secretamente para no ser vista por los parientes. Preguntada sobre qué le decía san Francisco, respondió que siempre la exhortaba a que se convirtiera a Jesucristo, y fray Felipe hacia lo mismo. Y ella les oía con gusto y asentía a todos aquellos bienes que le decían. Preguntada sobre cuánto tiempo hacía que sucedieron las dichas cosas, respondió que hacía más de cuarenta y dos años, pues hacía cuarenta y dos años que ella había entrado en religión. Y declaró que, al tiempo en que entró en religión, era una joven prudente, de unos dieciocho años de edad, y estaba siempre en casa; y se ocultaba, no queriendo ser vista, y, así, estaba de modo que no podía ser vista por los que pasaban delante de su casa. Era también muy afable y se ocupaba en otras buenas obras. Preguntada por cómo sabía las cosas dichas, contestó: porque vivía con ella. Preguntada sobre cómo se convirtió la dicha madonna Clara, respondió que san Francisco le cortó los cabellos en la iglesia de Santa María de Porciúncula, según había oído, pues la testigo no estuvo presente, ya que entonces estaba en Roma, por la cuaresma.

Recitemos todas juntas:

Exhortación para las Damas Pobres de San Damián

Escuchad, pobrecillas, por el Señor llamadas,
que de muchas partes y provincias habéis sido congregadas:
vivid siempre en la verdad,
que en obediencia muráis.

No miréis a la vida de fuera,
porque la del espíritu es mejor.
Yo os ruego con gran amor
que tengáis discreción de las limosnas que os da el Señor.

Las que están por enfermedad gravadas
y las otras que por ellas están fatigadas,
unas y otras soportadlo en paz,

porque muy cara venderéis esta fatiga,
porque cada una será reina en el cielo coronada
con la Virgen María.

Canto:

 

ORACIÓN.

Oh Dios de Amor y de Misericordia que un día llamaste a tu hija Santa Clara, a la vida  evangélica, configurándose con tu  Hijo crucificado, siendo fiel a ese amor y manifestándolo en sus hermanas de San Damián. Mira con ojos de bondad a tus hijas que has llamado y a las que llamarás para que,  a ejemplo de nuestra madre Santa Clara podamos ser fieles al carisma, amándolo y custodiándolo con nuestra propia vida. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Compromiso para este día.- Haremos hoy un pequeño sacrificio en la comida.

Día 3.- Seguir a Jesús.  El Seguimiento

 

Oración.

 

Padre lleno de amor, que concediste a santa Clara seguir a Cristo con su vida de pobreza y oración, al finalizar este 8º centenario de su conversión y consagración a Cristo, te pedimos por su intercesión, que aprendamos a tener confianza en la providencia, que nunca nos abandona y a aceptar serenamente tu divina voluntad. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

Consideración.- Santa Clara caminó por la vida con la mirada puesta en Jesús, deseosa de identificarse totalmente con él. Jesús era su “Camino” y su ideal: “Observa a Cristo, medítalo, contémplalo, decidida a imitarlo”. Ella nos conduce de la mano ante Jesús reclinado sobre las pajas, ensangrentado sobre la cruz, velado en la Eucaristía y nos dice: Contempla y busca en tu corazón la respuesta de debes darle.

En este  centenario clariano, leamos de los testigos que la conocieron y que hablaron en el  Proceso de su  canonización, lo que ellos nos cuentan de su seguimiento de Cristo.

XII. DUODÉCIMA TESTIGO. Sor Beatriz de messer Favarone de Asís, monja del monasterio de San Damián, declaró bajo juramento que la testigo fue hermana carnal de madonna Clara, de santa memoria, cuya vida había sido casi angélica desde su niñez, ya que fue virgen y permaneció siempre en virginidad. Y era solícita en las buenas obras de santidad, y tanto que su buena fama se divulgó entre todos los que la conocían. Y dijo que, habiendo oído san Francisco la fama de su santidad, muchas veces se acercó a ella para predicarle; y la virgen Clara aceptó su predicación y renunció al mundo y a todas las cosas terrenas, y se fue a servir a Dios tan pronto como le fue posible. Y vendió toda su herencia y parte de la herencia de la testigo y la dio a los pobres. Y luego, san Francisco la tonsuró ante el altar, en la iglesia de la Virgen María, llamada de la Porciúncula, y después la llevó a la iglesia de San Pablo de las Abadesas. Y, como sus parientes quisieron sacarla de allí, madonna Clara agarró los manteles del altar y se descubrió la cabeza, mostrándola rapada; y de ningún modo quiso acceder, ni se dejó sacar de allí, ni regresar con ellos. Más tarde, san Francisco, fray Felipe y fray Bernardo la llevaron a la iglesia del Santo Ángel de Panzo, donde estuvo poco tiempo y de donde fue llevada a la iglesia de San Damián, lugar en que el Señor le dio más hermanas que gobernar. Preguntada por cómo sabía las cosas antedichas, contestó que, siendo ella su hermana, unas cosas las había visto y otras las había oído de la misma madonna Clara y de otros. Preguntada sobre cuánto tiempo hacía, contestó: unos cuarenta y dos años.

PRECES

Invoquemos, hermanas, a Dios Padre, fuente de toda santidad que, por intercesión y ejemplo de nuestra Madre Santa Clara, nos guíe por el camino de la santidad, y digámosle: Señor, fuente de toda gracia y todo bien,  escúchanos.

Padre celestial, que hiciste a tu sierva Clara imitadora perfecta de tu Hijo,
haz que nosotras, siguiendo sus huellas, observemos fielmente la forma de vida que hemos prometido.

Padre de misericordia, ya que por inspiración divina te dignaste  iluminar nuestros corazones para vivir a imitación de santa Clara según la perfección del santo Evangelio, danos la gracia de ser modelo, ejemplo y espejo para nuestras hermanas y para los que viven en el mundo.

Padre de bondad, guía nuestros pasos por el camino de la sencillez, humildad y pobreza siguiendo el ejemplo de santa Clara, y amándonos mutuamente en la caridad de Cristo vivamos el gozo de la fraternidad.

Padre altísimo y omnipotente, tu sierva Clara miró el don de la vocación como uno de los mayores beneficios recibidos, concédenos superar con fortaleza las dificultades de la vida, para vivir con fidelidad, gratitud y alegría  el don de nuestra vocación capuchina.

 

Canto:
ORACIÓN.

Señor, Dios nuestro, al recordar hoy a tu sierva santa Clara, te suplicamos inflames nuestros corazones con ese mismo fuego con el que te siguió gozosa y fielmente por el camino estrecho de la pobreza evangélica y nos esforcemos en conformarnos en todo a tu santísimo Hijo Jesucristo que vive y reina contigo, por los siglos de los siglos. Amén.

 

Compromiso para este día.-  Leed y meditad hoy  el capítulo 19, 16-22 de San Mateo. El Joven Rico.

 Día 4.-  Cristo pobre y humilde. 

 

Oración.

 

Padre lleno de amor, que concediste a santa Clara seguir a Cristo con su vida de pobreza y oración, al finalizar este 8º centenario de su conversión y consagración a Cristo, te pedimos por su intercesión, que aprendamos a tener confianza en la providencia, que nunca nos abandona y a aceptar serenamente tu divina voluntad. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

Consideración.- Santa Clara sólo quiso poseer a Cristo. Porque amaba, lo siguió en su pobreza y humildad, en su existencia llena de amor al Padre y a los hombres, en el trabajo y en el sufrimiento. Exhortaba a sus hijas: “Guardemos la pobreza y humildad de nuestro Señor Jesucristo y de su santísima Madre”. Ella nos recuerda que el desprendimiento de las cosas de la tierra nos hace ricos de Cristo y de los bienes del Reino.

En este  centenario clariano, leamos de los testigos que la conocieron y que hablaron en el  Proceso de su  canonización, lo que ellos nos cuentan de su amor a la pobreza.

III. TERCERA TESTIGO. Sor Felipa, hija de messer Leonardo de Gislerio, monja del monasterio de San Damián, declaró bajo juramento que cuatro años después de la entrada de santa Clara en religión por la predicación de san Francisco, entró en la misma también la testigo, porque la predicha santa le hizo meditar cómo, por la salvación de la humanidad, nuestro Señor Jesucristo soportó la pasión y murió en la cruz.  También dijo que fue tan amante de la pobreza que, cuando los frailes limosneros del monasterio traían como limosna panes enteros, ella, en son de reproche, les preguntaba, diciendo: «¿Quién os ha dado estos panes enteros?» Y lo decía porque prefería recibir mendrugos que no panes enteros. Y jamás pudo ser inducida, ni por el papa ni por el obispo de Ostia, a recibir posesión alguna. Y honraba con gran reverencia el privilegio de la pobreza que le había sido concedido, y lo guardaba bien y cuidadosamente, temiendo perderlo.

Recitemos juntas:

Saludo a las virtudes

 

¡Salve, reina sabiduría,

el Señor te salve con tu hermana la santa pura simplicidad!

¡Señora santa pobreza,

el Señor te salve con tu hermana la santa humildad!

¡Señora santa caridad,

el Señor te salve con tu hermana la santa obediencia!

¡Santísimas virtudes, a todas os salve el Señor,

de quien venís y procedéis!

No hay absolutamente nadie en el mundo entero

que pueda poseer una de vosotras si antes no muere a sí mismo.

Quien posee una y no ofende a las otras,

las posee todas.

Y quien ofende a una, ninguna posee

y a todas ofende.

Y cada una confunde a los vicios y pecados.

La santa sabiduría confunde a Satanás

y a toda su malicia.

La pura santa simplicidad confunde

a toda la sabiduría de este mundo

y a la sabiduría del cuerpo.

La santa pobreza confunde a la codicia y la avaricia

y a las preocupaciones de este mundo.

La santa humildad confunde a la soberbia

y a todos los hombres del mundo,

y a todo lo que hay en el mundo.

La santa caridad confunde a todas las tentaciones

diabólicas y carnales y a todos los temores camales.

La santa obediencia confunde a todos los propios

quereres corporales y carnales; y mantiene mortificado

su cuerpo para obedecer al espíritu y para obedecer a su

hermano, y está sujeto y sometido a todos los hombres

que hay en el mundo; y no sólo a los hombres, sino

también a todas las bestias y fieras, para que, en cuanto

les sea dado de lo alto por el Señor, puedan

hacer de él lo que quieran.

 

Canto:
ORACIÓN.

Concédenos, Padre misericordioso, por intercesión de nuestra Madre Clara en este año jubilar en que recordamos los ochocientos años de su consagración religiosa, crecer cada día en tu amistad y en tu amor y en el amor a la pobreza evangélica, teniendo asiduamente nuestros ojos y nuestros corazones en tu Hijo amado, espejo de la eternidad, para que toda nuestra existencia se transfigure en imagen suya. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.

Compromiso para este día.- Desprendámonos hoy de algún objeto o de alguna cosa que nos ata para seguir con libertad el camino abrazado.

 

 

Día 5.-  La oración de Clara

 

Oración.

 

Padre lleno de amor, que concediste a santa Clara seguir a Cristo con su vida de pobreza y oración, al finalizar este 8º centenario de su conversión y consagración a Cristo, te pedimos por su intercesión, que aprendamos a tener confianza en la providencia, que nunca nos abandona y a aceptar serenamente tu divina voluntad. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

 

Consideración.- El secreto de santa Clara fue su oración, su “estar” con el señor. Porque amaba, buscó en el silencio y la oración el encuentro con Dios pues “su amor aficiona, su contemplación nutre, su suavidad colma, su recuerdo ilumina”. Ella es para nosotras un reclamo a la relación personal y viva con Dios en Cristo por el Espíritu Santo, que colma la profunda necesidad de amor y comunión que siente todo corazón humano.

 

En este  centenario clariano, leamos de los testigos que la conocieron y que hablaron en el  Proceso de su  canonización, lo que ellos nos cuentan de su vida de oración.

II. SEGUNDA TESTIGO. Sor Bienvenida de Perusa, monja del monasterio de San Damián, declaró bajo juramento que madonna Clara, abadesa que fue del dicho monasterio de San Damián, fue de maravillosa humildad, y tanto se menospreciaba a sí misma, que ejecutaba los trabajos más viles.  Dijo también la testigo que la predicha madre santa Clara era muy asidua en la oración, de día y de noche; y que sobre la media noche despertaba a las hermanas silenciosamente, con una campanilla, para alabar a Dios. Encendía las lámparas de la iglesia, y muchas veces tocaba la campana para maitines. Y a aquellas hermanas que no se levantaban para maitines al sonar la campana, las llamaba con su campanilla.  También dijo que su hablar era siempre de cosas de Dios, y no quería hablar de cosas del siglo, ni quería que las hermanas las mentasen. Y, si alguna vez acaecía que alguna persona mundana había hecho algo contra Dios, ella, maravillosamente, lloraba y exhortaba a la tal persona y le predicaba con solicitud que tornase a la penitencia…. También dijo la testigo que, donde madonna Clara solía entrar a orar, ella había visto un gran resplandor, y tanto que creyó fuese llama de fuego material. Preguntada sobre quiénes más lo habían visto, respondió que entonces ella sola. Preguntada sobre el tiempo en que había sucedido esto, respondió que había sido antes de que la dicha madonna enfermase.

En forma responsorial toda la comunidad irá diciendo: Loado seas, mi Señor, después una hermana recitará las estrofas

Loado seas, mi Señor

Por nuestra hermana Clara

que joven, rica y noble,

se abrazó por tu amor a la pobreza santa.

 

Loado seas, mi Señor

Por su fuga amorosa en la noche estrellada,

Por el despojo alegre de su cabellera

Y por su virginal ofrenda enamorada.

 

Loado seas, mi Señor

Porque enseñó de vida y de palabra

A ser lo que quería:

Tu hija, tu madre, tu esposa y tu hermana.

 

Loado seas, mi Señor

Porque te amó en tu cruz hasta las lágrimas,

Y, orándote, hasta el éxtasis,

Y hasta el temblor, de sombro, si te comulgaba.

 

Loado seas, mi Señor

Porque te complaciste tanto en su mirada,

Que suscitaste por doquier

Miles y miles a su semejanza.

 

Loado seas, mi Señor

Por su vida penitencial y liberada,

Y por su muerte alegre

De verte, Rey glorioso, cara a cara.

 

Loado seas, mi Señor

Padre celestial, y filial Palabra,

Y Espíritu de Amor,

A ti el honor, la gloria, la alabanza.

Canto:

ORACIÓN.

Omnipotente, eterno, justo y misericordioso Dios, danos a nosotros, miserables, hacer por ti mismo lo que sabemos que tú quieres, y siempre querer lo que te place, para que, interiormente purificados, interiormente iluminados y abrasados por el fuego del Espíritu Santo, podamos seguir las huellas de tu amado Hijo, nuestro Señor Jesucristo, y por sola tu gracia llegar a ti, Altísimo, que, en Trinidad perfecta y en simple Unidad, vives y reinas y eres glorificado, Dios omnipotente, por todos los siglos de los siglos. Amén.

Compromiso para este día.- Leed y meditad los números 75 al 81 de nuestras Constituciones.

 

Día 6.- Amor a la Eucaristía.

 

Oración.

 

Padre lleno de amor, que concediste a santa Clara seguir a Cristo con su vida de pobreza y oración, al finalizar este 8º centenario de su conversión y consagración a Cristo, te pedimos por su intercesión, que aprendamos a tener confianza en la providencia, que nunca nos abandona y a aceptar serenamente tu divina voluntad. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

 

Consideración.- La vida de Clara giraba en torno a la presencia eucarística del Señor. La Eucaristía era para ella el lugar privilegiado de su encuentro con Cristo. Vivía la liturgia tal como la Iglesia desea: viviendo los misterios de Cristo, despertando en su corazón la alabanza, la gratitud y el amor. Por eso brotó de su corazón aquella encendida frase: “Ama del todo a Aquel que del todo se entregó por tu amor”.

 

En este  centenario clariano, leamos de los testigos que la conocieron y que hablaron en el  Proceso de su  canonización, lo que ellos nos cuentan de su amor y confianza en Jesús- Eucaristía.

IX. NOVENA TESTIGO. Sor Francisca de messer Capitáneo de Col de Mezzo, monja del monasterio de San Damián, declaró bajo juramento que la testigo había vivido en el dicho monasterio durante más de veintiún años,…  Preguntada sobre qué había visto ella, respondió que una vez entraron los sarracenos en el claustro del monasterio, y madonna Clara se hizo conducir hasta la puerta del refectorio y mandó que trajesen ante ella un cofrecito donde se guardaba el santísimo Sacramento del Cuerpo de nuestro Señor Jesucristo. Y, postrándose en tierra en oración, rogó con lágrimas diciendo, entre otras, estas palabras: «Señor, guarda Tú a estas siervas tuyas, pues yo no las puedo guardar». Entonces la testigo oyó una voz de maravillosa suavidad, que decía: «¡Yo te defenderé siempre!» Entonces la dicha madonna rogó también por la ciudad, diciendo: «Señor, plázcate defender también a esta ciudad». Y aquella misma voz sonó y dijo: «La ciudad sufrirá muchos peligros, pero será protegida». Y entonces la dicha madonna se volvió a las hermanas y les dijo: «No temáis, porque yo soy fiadora de que no sufriréis mal alguno, ni ahora ni en el futuro, mientras obedezcáis los mandamientos de Dios». Y entonces los sarracenos se marcharon sin causar mal ni daño alguno.

Manifestó también que, creyendo en cierta ocasión las hermanas que la bienaventurada madre estaba a punto de morir y que el sacerdote le debía administrar la sagrada comunión del Cuerpo de nuestro Señor Jesucristo, la testigo vio sobre la cabeza de la dicha madre santa Clara un resplandor muy grande; y le pareció que el Cuerpo del Señor era un niño pequeño y muy hermoso. Y luego que la santa madre lo hubo recibido con mucha devoción, como acostumbraba siempre, dijo estas palabras: «Tan gran beneficio me ha hecho Dios hoy, que el cielo y la tierra no se le pueden comparar».

 

LETANÍA:

 

Responderemos: Sumérgenos en el esplendor de tu gloria Señor.

–       Cristo Jesús,  Rey de los siglos

–       Cristo Jesús, a quien Clara amó sobre todas las cosas

–       Cristo Jesús,  que hiciste de Clara, madre y hermana de multitudes

–       Cristo Jesús,  que fuiste gozo y asombro de Clara

–       Cristo Jesús,  que nos mostraste en Clara un camino seguro hacia ti

–       Cristo Jesús, a quien Clara contempló como Dios esposo

–       Cristo Jesús, pobre y crucificado, de quien Clara fue seguidora.

–       Cristo Jesús,  que fuiste la divina aventura de Clara

–       Cristo Jesús,  que hiciste de Clara mujer en la Iglesia

–       Cristo Jesús,  que fuiste en tu Palabra, en tu cuerpo y en tu sangre alimento indispensable para Clara

–       Cristo Jesús,  que hiciste de Clara modelo de femineidad y de fortaleza.

–       Cristo Jesús,  que hiciste de Clara irradiación de tu ternura

–       Cristo Jesús,  que nos propones en Clara un modelo para la nueva evangelización

–       Cristo Jesús,  que hiciste de Clara un icono de tu pobreza y humildad

–       Cristo Jesús,  de quien Clara aprendió a ser mujer libre

–       Cristo Jesús,  a cuyo modelo Clara transformó su vida en una eucaristía.

 

Canto:

ORACIÓN.

 

Señor Jesús, gracias por el regalo de nuestra madre santa Clara, haz que su ejemplo ilumine toda nuestra vida,  de modo que, sea para nosotras imposible olvidarnos de ti  y vivamos pendientes de tu presencia adorable, para corresponder con amor al amor inmenso que haz derrochado al darte en el pan de vida y al hacerte el compañero de nuestra peregrinación. AMEN 

 

Compromiso para este día.- Media hora de adoración al Santísimo, a ser posible de 15:00 h. a 15:30 h.

Día 7.-    Amor a María.

 

Oración.

 

Padre lleno de amor, que concediste a santa Clara seguir a Cristo con su vida de pobreza y oración, al finalizar este 8º centenario de su conversión y consagración a Cristo, te pedimos por su intercesión, que aprendamos a tener confianza en la providencia, que nunca nos abandona y a aceptar serenamente tu divina voluntad. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

 

Consideración.- Ante la imagen de María, Santa Clara selló su consagración a Jesucristo. Su amor a María era inseparable de su amor a Jesús. Por eso su vida fue un seguir las huellas de Cristo y de su santísima Madre. “Adhiérete a su Madre dulcísima. Como ella lo llevó corporalmente en su seno, tú, siguiendo sus huellas, puedes llevarlo espiritualmente en tu cuerpo casto”. Clara nos lleva a María y María nos lleva a Jesús.

 

En este  centenario clariano, leamos de los testigos que la conocieron y que hablaron en el  Proceso de su  canonización, lo que ellos nos cuentan de su amor filial a María y de la Madre de Dios hacia ella.

XI. UNDÉCIMA TESTIGO. Sor Bienvenida de madonna Diambra de Asís, monja del monasterio de San Damián, …. Dijo también la testigo que entre el viernes y el sábado, tercer día antes de la muerte de madonna Clara, de feliz memoria, la testigo estaba sentada junto al lecho de la madonna, con otras hermanas, llorando la muerte de tal y tan grande madre. Y sin que nadie le hablase, la madonna comenzó a encomendar su alma, diciendo así: «Vete en paz, pues tendrás buena escolta; porque el que te creó previó antes que serías santificada; y, después que te creó, infundió en ti el Espíritu Santo; y luego te ha cuidado como la madre a su hijo pequeñito». Y una hermana, llamada sor Anastasia, preguntó a la madonna con quién hablaba y a quién decía aquellas palabras, y la madonna respondió: «Hablo a mi alma bendita». Y entonces la testigo comenzó en seguida a reflexionar sobre la grande y maravillosa santidad de madonna Clara; y en este pensamiento le parecía que toda la corte celestial se ponía en movimiento y se preparaba para honrarla. Y especialmente nuestra gloriosa Señora, la bienaventurada Virgen María, preparaba sus prendas para vestir a la nueva santa. Y mientras la testigo se entretenía pensando e imaginando esto, vio de pronto con los ojos de su cuerpo una gran multitud de vírgenes, vestidas de blanco, con coronas sobre sus cabezas, que se acercaban y entraban por la puerta de la habitación en que yacía la dicha madre santa Clara. Y en medio de estas vírgenes había una más alta, y, por encima de lo que se puede decir, bellísima entre todas las otras, la cual tenía en la cabeza una corona mayor que las demás. Y sobre la corona tenía una bola de oro, a modo de un incensario, del que salía tal resplandor, que parecía iluminar toda la casa. Y las vírgenes se acercaron al lecho de la dicha madonna santa Clara. Y la que parecía más alta la cubrió primero en el lecho con una tela finísima, tan fina que, por su sutileza, se veía a madonna Clara, aun estando cubierta con ella. Luego, la Virgen de las vírgenes, la más alta, inclinó su rostro sobre el rostro de la virgen santa Clara, o quizá sobre su pecho, pues la testigo no pudo distinguir bien si sobre el uno o sobre el otro. Hecho esto, desaparecieron todas….

Dijo también la testigo que todo lo que se decía de la santidad de la vida de la predicha madonna Clara era verdad, y que, por mucho que ella la ponderara, todavía había habido más en ella; y no creía que desde nuestra Señora la bienaventurada Virgen María hubiese existido jamás mujer de mayor santidad que la dicha madonna santa Clara. Pues ella fue virgen, fue humilde, inflamada en el amor de Dios, permanente en la oración y contemplación, diligente en la aspereza del alimento y del vestido, y maravillosa en los ayunos y vigilias, al extremo de que muchas se admiraban de que pudiese vivir con tan poco alimento.

 

Recitemos todas juntas el saludo a la Bienaventurada Virgen María.

 

¡Salve, Señora, santa Reina,

santa Madre de Dios, María,

virgen hecha iglesia,

elegida por el santísimo Padre del cielo,

consagrada por él con su santísimo Hijo amado

y el Espíritu Santo Defensor,

en ti estuvo y está

toda la plenitud de la gracia y todo bien!

¡Salve, palacio de Dios!

¡Salve, tabernáculo suyo!

¡Salve, casa suya!

¡Salve, vestidura suya!

¡Salve, esclava suya!

¡Salve, Madre suya!

Y, ¡salve, todas vosotras santas virtudes,

que, por la gracia e iluminación del Espíritu Santo,

sois infundidas en los corazones de los fíeles,

para hacerlos, de infieles, fieles a Dios!

 

Canto:

ORACIÓN.

Señor, Dios nuestro, al recordar hoy a tu sierva santa Clara, te suplicamos inflames nuestro corazones con ese mismo fuego con el que te siguió gozosa y fielmente por el camino estrecho de la pobreza evangélica y nos esforcemos en conformarnos en todo a tu santísimo Hijo Jesucristo que vive y reina contigo, por los siglos de los siglos. Amén.

 

Compromiso para este día.- Rezar tres Avemarías ante una imagen de la Virgen María.

Día 8.- Amor fraterno. Vida Fraterna en san Damián.

 

Oración.

 

Padre lleno de amor, que concediste a santa Clara seguir a Cristo con su vida de pobreza y oración, al finalizar este 8º centenario de su conversión y consagración a Cristo, te pedimos por su intercesión, que aprendamos a tener confianza en la providencia, que nunca nos abandona y a aceptar serenamente tu divina voluntad. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

 

Consideración.- Santa Clara amaba  con ternura a sus hermanas y a todos los hombres: se adelantaba a amar y acogía a todos con bondad, convencida de que el verdadero amor de Dios es inseparable del amor a quienes Dios ama, y se expresa en él. Ella nos dice: “Amándonos mutuamente con la caridad de Cristo, manifestad exteriormente con vuestras obras el amor que interiormente tenéis”, hasta el don sin reservas, como Cristo nos amó.

 

En este  centenario clariano, leamos de los testigos que la conocieron y que hablaron en el  Proceso de su  canonización, lo que ellos nos cuentan de amor a las hermanas

I. PRIMERA TESTIGO. Sor Pacífica de Guelfuccio de Asís, monja del monasterio de San Damián, dijo bajo juramento que conoció a santa Clara cuando estaba en el siglo en casa de su padre; y que todos los que la conocían la consideraban persona de gran honestidad y de vida muy perfecta; y que se aplicaba y ocupaba en obras de piedad. ……….Declaró también que la predicha madonna Clara, cuando mandaba a las hermanas que hiciesen alguna cosa, mandaba con mucho temor y humildad, y la mayor parte de las veces prefería hacerlo ella que mandarlo a las otras….. Dijo también que la bienaventurada madre era humilde, benigna y cariñosa, y tenía compasión de las enfermas; y, mientras tuvo salud, las servía y les lavaba los pies, y les daba el agua a las manos; y alguna vez limpiaba los bacines de las enfermas…. También dijo que la predicha madonna Clara era tan solícita de la observancia de su religión y del gobierno de las hermanas, como un hombre pudiera serlo de la custodia de su tesoro temporal…..Dijo también esta testigo que la vida de la predicha bienaventurada Clara estuvo llena de milagros…. Y dijo también que la medicina de la testigo y de las otras hermanas, cuando caían enfermas, era que su santa madre hacía sobre ellas la señal de la cruz.

PRECES

 

Bendigamos a Dios Padre, “dador de todo bien”, por el don de nuestra madre y hermana Clara y pidámosle con fe:

Padre santo escucha nuestra oración.

  • Padre santo, nuestra madre santa Clara  recibía con gran devoción y temblor el santo sacramento del Cuerpo de nuestro Señor Jesucristo, hasta el extremo que cuando lo recibía, temblaba toda, concédenos también a nosotras gozar de la participación de la vida trinitaria a través del misterio eucarístico.
  • Padre santo, nuestra madre santa Clara participó a los sufrimientos de tu Hijo llevando en su cuerpo los estigmas de la enfermedad, concédenos también a nosotras, en las mortificaciones cotidianas, saber ofrecer todo con gozo por la salvación del mundo.
  • Padre santo, nuestra madre santa Clara vivió la pobreza y la humildad siguiendo las huellas de nuestro Señor Jesucristo, haz, oh Señor que nosotras no temamos las incomodidades y las renuncias que estas conllevan.
  • Padre santo, nuestra madre la vida de nuestra madre santa Clara fue un continuo deseo de servirte en sus hermanas, concédenos también a nosotras Señor, de vivir respondiendo a tu santísima voluntad convirtiéndonos así en tus esposas, hijas, hermanas y madres.

 

Canto:

ORACIÓN.

Concédenos, Padre misericordioso, por intercesión de nuestra Madre Clara en este año jubilar en que recordamos los ochocientos años de su consagración religiosa, crecer cada día en tu amistad y en tu amor y en el amor a la pobreza evangélica, teniendo asiduamente nuestros ojos y nuestros corazones en tu Hijo amado, espejo de la eternidad, para que toda nuestra existencia se transfigure en imagen suya. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.

Compromiso para este día.- Tener un gesto de escucha, de acercamiento con alguna hermana e intentar alegrarla en este día y manifestarle nuestro amor fraterno.

Día 9.- Amor a la Iglesia.

 

Oración.

 

Padre lleno de amor, que concediste a santa Clara seguir a Cristo con su vida de pobreza y oración, al finalizar este 8º centenario de su conversión y consagración a Cristo, te pedimos por su intercesión, que aprendamos a tener confianza en la providencia, que nunca nos abandona y a aceptar serenamente tu divina voluntad. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

 

Consideración.- Santa Clara no pudo separar su fidelidad a Cristo y a su Evangelio de su comunión con la Iglesia, en la cual vive Cristo. Por eso quiso vivir y morir en la más filial sumisión al Papa y a la Iglesia, a quienes llevaba en su corazón, en su oración y su penitencia. Por eso quiso que su vida y la de sus hijas fueran semilla de vida para la cristiandad: “Te considero cooperadora del mismo Dios y sostén de los miembros abatidos de su Cuerpo inefable”.

 

En este  centenario clariano, leamos de los testigos que la conocieron y que hablaron en el  Proceso de su  canonización, lo que ellos nos cuentan de su amor y reverencia al Sumo Pontífice.

III. TERCERA TESTIGO. Sor Felipa, hija de messer Leonardo de Gislerio, monja del monasterio de San Damián, declaró bajo juramento… Que el señor papa Inocencio fue a visitarla cuando estaba gravemente enferma. Y ella dijo después a las hermanas: «Hijitas mías, alabad a Dios, porque el cielo y la tierra no son bastantes para tantos beneficios como yo he recibido de Dios, pues le he recibido hoy en el santo Sacramento y he visto también a su Vicario». Preguntada sobre cómo sabía las dichas cosas, respondió: porque las había visto y había estado presente.  Preguntada sobre cuántos días antes de la muerte de madonna Clara había ocurrido esto, respondió: pocos días antes.

Y al fin de su vida, llamando a todas sus hermanas, les recomendó encarecidamente el Privilegio de la Pobreza. Y con grandes deseos de tener bulada la regla de la Orden y de poder besar un día la bula y al día siguiente morir, le ocurrió como deseaba; pues, ya próxima a la muerte, llegó un fraile con las Letras buladas, y, tomándolas reverentemente, ella misma se llevó la bula a los labios para besarla.

Recitemos juntas:

 

Alabanzas al Dios altísimo

 

Tú eres el santo Señor Dios único, el que haces maravillas.

Tú eres el fuerte, tu eres el grande, tú eres el altísimo,

tú eres el rey omnipotente; tú Padre santo, rey del cielo y de la tierra.

Tú eres el trino y uno, Señor Dios de los dioses;

tú eres el bien, el todo bien, el sumo bien,

Señor Dios vivo y verdadero.

Tú eres el amor, la caridad; tú eres la sabiduría,

tú eres la humildad, tú eres la paciencia,

tú eres la belleza, tú eres la mansedumbre;

tú eres la seguridad, tú eres el descanso,

tú eres el gozo, tú eres nuestra esperanza y alegría,

tú eres la justicia, tú eres la templanza,

tú eres toda nuestra riqueza a satisfacción.

Tú eres la belleza, tú eres la mansedumbre,

tú eres el protector, tú eres nuestro custodio y defensor;

tú eres la fortaleza, tú eres el refrigerio.

Tú eres nuestra esperanza, tú eres nuestra fe,

tú eres nuestra caridad, tú eres toda nuestra dulzura,

tú eres nuestra vida eterna,

grande y admirable Señor,

Dios omnipotente, misericordioso Salvador.

 

Canto:
ORACIÓN.

Señor, Dios nuestro, al recordar hoy a tu sierva santa Clara, te suplicamos inflames nuestro corazones con ese mismo fuego con el que te siguió gozosa y fielmente por el camino estrecho de la pobreza evangélica y nos esforcemos en conformarnos en todo a tu santísimo Hijo Jesucristo que vive y reina contigo, por los siglos de los siglos. Amén.

 

Compromiso para este día.-  Una visita al Santísimo pidiendo por las necesidades de la Iglesia y en concreto del Santo Padre y todos los Obispos.

 

 

 

 

 

 

Sr. Teresa

About Sr. Teresa

I am a Capuchin poor Clare sister since 1983.