Del Diario de Santa Verónica Giuliani

 

Del Diario de Santa Verónica Giuliani

Silencio y Vida interior

tomo II del año 1693

Por la hna. María Dolores Andrade, OSC, Cap.

 Vamos a aproximarnos a la vida gran santa y mística Verónica Giuliani, Al celebrar el 350 años de su nacimiento, a la que, sin duda, Jesús la consideraba su predilecta, la acariciaba, la mimaba; pero también quería prepararla, para la gran misión que El le tenía preparada, para un alma generosa como lo fue Verónica, como nos dice el Teólogo Antonio Minciotti “Verónica fue ciertamente una de las almas más grandes y generosas que Dios ha puesto sobre la tierra[1]”. 

Verónica alcanzo muy pronto las cima más altas de la santidad,  es de admirar la profunda vida interior que llevo a nuestra santa en un  continuo dialogo con Dios. “El alma sola con él Solo, sola con el Todo, sola con el Sumo, sola con el Amor[2]”. Este breve comentario  a la vida de silencio y recogimiento, que vivió Santa Verónica en el monasterio de Citta de Castello. Un acercamiento a los escritos que la santa nos ha dejado en su diario.

 La vida del monasterio estaba enmarcada en un ritmo comunitario monótono, prefijado en los mínimos detalles. Úrsula, ahora Sor Verónica, supo trasformar las horas de silencio en dialogo, en coloquio con el Amor de su vida. Como ha dicho Fray Conrado Miglioranza; “Y cuando florece el dialogo entre el alma y su Dios, los hombres comunes, aplastados por nuestra miseria y mediocridades, solo podemos admirar la iniciativa divina y felicitar a la privilegiada creatura[3]”.

El caso de Verónica Giuliani, no puede ser mirado con los ojos de esa seudoespiritualidad, que va tras o extraordinario como buscando un soporte a su propia fe insegura, ni con lo científico, que no acierta a percibir otra cosa que cuadros clínicos. Ante el caso Verónica Giuliani solo cabe la actitud de Moisés ante la zarza que ardía sin consumirse: voy a contemplar este extraño caso.

                                                       Recogimiento y Vida Interior

            a) Recogimiento: Etimológicamente procede del latín recolligere, que “significa volver a juntar lo separado, restablecer un orden perdido[4]”. En la vida espiritual la palabra se refiere a un estado peculiar de dominio de sí, que el hombre alcanza con la ayuda de la gracia sobrenatural y con su esfuerzo personal. Es una cualidad del alma, un hábito, que facilita actuar según la armonía en que fue creada por Dios, tal fue la experiencia de Verónica al escribir: ‹‹Aun cuando estuviese yo haciendo las mecánicas y obras manuales, de vez en cuando, experimentaba algunos ímpetus y raptos de mi mente, absorta por completo en Dios solo. Este Dios solo daba ciertas luces al alma, dejando sentir que la quería completamente despojada, y en  el mismo punto, parecía que tal la hiciera; y entonces parecía que el alma gozase. Este Dios solo[5]››. El recogimiento es la manera directa del dialogo con Dios y de respuesta a su amor. No es suficiente hacer actos de presencia en la capilla, sino que, la oración apremia al alma a una continua en una continua conversación.

             Sin un profundo recogimiento y una vida interior, la oración del religioso seria poco menos que inútil, y no tendría sentido alguno la soledad y el silencio, cuya finalidad primaria no es otra que la de facilitar el recogimiento y la practica entrañable de la vida interior.

b) Vida interior: Es la  capacidad de hacer compatible cualquier actividad humana recta, por absorbente que sea, especialmente con el trabajo; basta que cada uno se esfuerce en buscar al Señor en todas sus cosas, haciéndolas por amor a Él. «Cuando de dos cosas una es razón de la otra, la ocupación del alma en una no impide ni disminuye la ocupación en la otra… Y como Dios es aprehendido por los santos como la razón de todo cuanto hacen o conocen, su ocupación en percibir las cosas sensibles o en contemplar o hacer cualquiera otra cosa, en nada les impide la divina contemplación, ni viceversa[6]» (S. Tomás, Sum. Th. Suppl. q82, a3, ad4).

            La vida interior es todo el esfuerzo ascético que lleva consigo el recogimiento se orienta y tiene como fin la contemplación: el diálogo constante con la Trinidad Beatísima, que inhabita por la gracia en el alma del cristiano y que Verónica vivió a lo largo de su vida: ‹‹Por tres veces sentí unión amorosa entre Dios y el alma. Estas uniones se redujeron a una sola, y está sola me dio luces particulares y tuve la declaración de las tres uniones, siéndome dicho por el mismo Señor, que las tres divinas Personas me habían dado una prueba de amor, con la última de las cuales me daba á entender que todo se encierra en Un Solo››[7].      Esta manifestación del amor de Dios,  exige del alma de Verónica una correspondencia generosa, es decir, una entrega semejante en cuanto a la totalidad, ese deseo que se manifiesta continuamente en sus escritos. ‹‹“No te aflijas por no poderte retirar un poco, porque yo tu Esposo haré que siempre estés retirada en Mí bástate esto”. Y aun en el mismo instante sentí este retiro en Dios con viva presencia suya[8]››.

            Estamos ante una mujer típica de su tiempo, no son las normas morales las que caracterizan  el alma de Verónica, sino la maravillosa relación con Jesucristo, de quien deriva una sed de adhesión que hace verdaderamente “suave su yugo y ligera su carga”.(Mt 11,30); Se trata de una mujer enseñada por el Espíritu del Señor que hace teología,  casi inconscientemente, intentando describir la propia experiencia mística: ‹‹Mientras realizo con la mayor perfección posible,  las tareas propias de mi oficio. Las conversaciones, los quehaceres, la caridad, el oficio que desempeño, nada me separa de la santa soledad. ¡Oh, qué paz experimenta mi corazón estando de continuo al divino beneplácito!››[9]. Verónica, tiene un gran conocimiento que le permite hablar de la realidad en que vive, que es la persona de Jesucristo más presente en ella que su mismo ser.

Invitaciones amorosas del alma

            Además de la caridad, humildad y obediencia, comenzó a tomar cada día más cuerpo la abnegación de sí. Desprenderse de todo y despojarse de si no significa que debiera llegar a ser apática, sino que debía predisponer su corazón, para que Dios pudiese obrar en ella. “Has todo conmigo y sin ti”, oirá que se lo pide Jesús en el año 1720.

Dios se ha encarnado para permanecer siempre con nosotros; solamente en su amor la vida humana adquiere todo su sentido y su plenitud. Verónica sabe que, cuando Dios invita a una criatura a insertarse en su proyecto, le hace experimentar la impetuosidad de aquel fuego que anhelaba “Cristo”. ‹‹Entonces me parece que mi corazón se desapega de las cosas de esta tierra, mirándolas todas y comprendiendo que nada son; y firme e inmutable quiere estar en su Dios[10]››. «Solo si me fue inspirando, que quien desea venir a esta  escuela, necesita antes estar y penetrar bien en el propio conocimiento de nuestra nada, y hacer que la llave de la humildad sea siempre la primera, cuando vayamos á la escuela de la oración[11]». Iba invitando a todas las criaturas, para que se uniesen conmigo para alabar y dar gracia al mismo Amor[12]. E iba también invitando á toda la patria del Paraíso, á fin de que todos se me uniesen para glorificar, alabar y amar al sumo Dios[13]. En estas líneas vemos como vive su recogimiento interior y la luz infusa que recibía de Dios en diferentes momentos en especial en las celebraciones litúrgicas.

Es el profundo misterio de un amor total y exclusivo que no puede encontrar otra expresión si no es la nupcial, por consiguiente las bodas místicas se consuman sobre la Cruz y allá no se lleva nada consigo. ‹‹A veces sentía que mi corazón se inflamaba en tales deseos de unirse completamente a Dios. Entonces me sobrevenían los raptos que me atraían del todo a Dios; y puesta en este reflejo nada más deseaba[14]››. Para Verónica la vida religiosa, es una existencia vivida para el Único, lo que la ha llevado a un conocimiento profundo de sí misma. El 24 de Diciembre Verónica experimento esas llamadas particulares, tales llamamientos me hicieran exaltar de alegría: “Cuando Dios me dio entender aquel día que  quería tomar posesión de mi corazón, este entendimiento fue de súbito operante y pareció que en aquel mismo momento tomase posesión y dominio. Porque, sintiéndome por completo como fuera de mí, parecía que mi corazón con todo anhelo, estuviese aparejado a cuanto Dios quería; y tan absorta en Dios mismo estaba mi alma, que gozaba de gran paz[15]”; nos permite ver una relación de gran intimidad, vivida en progresiva identificación con el esposo, permaneciendo constantemente con la mirada puesta en su divina voluntad.

            Santa Verónica da también un ejemplo de pedagogía  de la santidad que, alimentándose de una oración incesante, lleva su alma a convertirse en contempladoras del rostro de Dios, abriendo de par en par el corazón al Espíritu del Señor, ‹‹En primer lugar, estando mi alma en aquellos raptos trasportada como en volandas entre los brazos de Dios, en un instante se siente totalmente unida como su sumo y único Bien; entonces Dios da a conocer al alma que está absolutamente con El solo[16]››.

            Las páginas más bellas de nuestra mística son aquellas en las que buscan desvelar algo del misterio del Amor; ‹‹muchas veces me siento llamada con voz invisible, me parece que estoy como loca. Pero esta locura atráeme á cierta aplicación, la cual siento que tengo á mi alma completamente unida con Dios[17]››.Es en definitivas, el sentido de una vida íntimamente consumida por el Amor, siempre disponible a sus divinos llamados. ‹‹Cuando Dios me dio a entender aquel día que quería tomar posesión de mi corazón, este entendimiento fue de súbito operante, y pareció que en aquel mismo momento tomase la posesión y dominio, parecía que mi corazón con todo anhelo, estuviese aparejado a cuanto Dios quería[18]››. Este abandono confiado en las manos del Padre lleva consigo un clima de alegría, de paz y de libertad de espíritu, que se trasluce en todas las páginas de su diario, incluso cuando describe ansiedad, desilusiones y desolaciones. Por lo que se refiere a las gracias místicas.

No nos extrañemos, de que el Señor se complazca en ocultar a los suyos las cosas que ese Dios celoso quiere para su elegidos, como es el caso de nuestra santa, repetidas veces al día recibe estas invitaciones amorosas: ‹‹Y que este solo me quería toda para Sí; y que yo ya no en mí, sino en Dios solo lo obrase todo, porque con aquel conocimiento que había tenido de las tres divinas personas, bien podía estar segura de que ellas querían el dominio de mi corazón, en señal de lo cual quería Jesús desposarse con mi alma[19]››. Este es el camino a través del cual el Señor la conduce a un despojamiento de todo lo que no sea El. Se escucha aquí el eco de las palabras de Clara en el testamento y en las cartas que señalan precisamente la desnudez de la cruz, la cima de la pobreza y de la unión con la inefable, la caridad por la que Cristo quiso morir sobre la Cruz. (TestCl 45; 4CtsCl 23ss).

He encontrado el Amor, ¡el Amor se ha dejado ver!

Esta es la causa de mi padecimiento.

¡Decidlo a todas, decidlo a todas!” (Summarium Beatificationis).

 El amor es  quien invita a dicha alma, no con palabras, sino con hechos, no con libros y caracteres sino con obras. Por vía de amor, se muestra al mismo tiempo operante, dominador y poseedor de dicha alma, la cual queda tan contenta, que nada mas puede apetecer ni buscar.

Más allá de estas consideraciones interesa, sobre todo, descubrir en santa Verónica su absoluto vivir para Dios y la exclusividad de la relación con Él. El Señor desea que le imprimamos con un sello divino sobre nuestro corazón y en nuestro brazo (Can 8,6). El continúa llamado almas como tú y como yo, a corresponder a ese infatigable amor que trasformo la vida de Santa Verónica…

 


 

[1] Santa Verónica Giuliani. El purgatorio de amor,

[2] Experiencia y Doctrina Mística, P. Lazaro Iriarte, OFM, Cap. Impreso en España, BAC 1991 p. 121

[3] Santa Verónica Giuliani, Fray Conrado Miglioranza. O.F.M.Conv. Buenos Aires, 18/9/1980 p. 84

[7]  Un tesoro Oculto, Diario de Santa Verónica Vol. II p.87

[8] Un tesoro Oculto, Diario de Santa Verónica Vol. II p.89

[9] Un Tesoro oculto, Diario de Santa Verónica Giuliani, tomo II p. 89

[10]  Ibíd p. 404

[11] Ibid 365

[12] Ibid 373

[13] Ibid 373

[14]  Ibíd p. 395

[15] Ibíd. p. 23

[16] Ibíd. p. 22

[17] Ibíd p. 404

[18] Ibíd. p. 23

[19] Ibíd. p. 87

Sr. Leticia Gomez, O.S.C.Cap.

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