SAN PEDRO Y SAN PABLO

SAN PEDRO Y SAN PABLO

Dos figuras impresionantes que dominaron en los primeros años en la vida de la Iglesia. Su presencia fue tan importante que hasta el día de hoy son considerados por toda la Iglesia como las dos columnas en que se apoya la fe de la Iglesia. ¡Que diferentes  los dos! Son semejantes en origen. Un humilde pescador, el otro fariseo y entendido de la ley. Diferentes en su experiencia de Cristo: Uno le siguió por los caminos de Palestina en un largo proceso de encuentros y desencuentros con Jesús; el otro persiguió a los primeros cristianos y fue convertido por una experiencia de luz en el camino de Damasco.

Y sin embargo los dos unidos por la llamada de Jesús. Los dos con un carácter fuerte que pondrán al servicio de su misión evangelizadora. Los dos capaces de grandes cosas para Dios. De Palestina a Roma anunciando el Evangelio no era un paso pequeño en aquellos tiempos. Los dos también con sus debilidades como todo ser humano. No hay más que leer el Nuevo Testamento para encontrarse con ellas. Pero en los dos, lo más importante se observa en la apertura a la acción de la gracia que poco a poco, va transformando a las personas.

Los dos llegan hasta el final con generosidad y capacidad suficiente para dar su vida por el Evangelio. Los dos recuerdan que Cristo no es santo desde que nace, sino que se va haciendo en la medida en que abre el corazón a la acción de la gracia de Dios.

San Pedro vivió en Roma por 25 años como fundador y primer Papa de la Iglesia, en el último año  del reinado de Nerón, fue crucificado con la cabeza hacia abajo, a petición del propio Santo ya que no se estimaba digno de morir como su Divino Maestro. San  Pablo regresa a Roma donde fue encarcelado por segunda vez y fue decapitado en el año 67.

 

Sr. Frances

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