Beata Florida Cevoli

La familia franciscana celebra en este día 12 de junio la fiesta de la Beata Florida Cevoli. Quien nació en Pisa el 11 de Noviembre de 1685. Esta hermana Clarisa Capuchina recibió en su bautismo el nombre de Lucrecia, era hija de los condes de Cevoli. Ella ingresó a los 18 años en el monasterio de las hermanas Clarisas Capuchinas en el año de 1703. En su investicion  recibe el nombre de Florida. Ella fue discípula fiel de Santa Verónica Guiliani, a quien tuvo como maestra de novicias. Santa Verónica la educó en los caminos del Señor, en la vida de oración y fidelidad al divino esposo; en la observancia fiel de la vida de las Clarisas Capuchinas.

 El Padre Lázaro Iriarte OFM Cap. describe de la siguiente forma su entrada con las Clarisa de Citta de Catello en su libro: La discípula de Santa Veronica Giuliani.

“Cuando Lucrecia se despidió de las clarisas, su vocación estaba ya decidida. Ella misma refirió más tarde el porqué de su opción por el lejano monasterio de las capuchinas de Città di Castello. Estando todavía en el educandato, aprovechó la presencia de un confesor extraordinario, barnabita, que gozaba fama de docto y de santo, para exponerle sus anhelos de una vida de escondimiento y de austeridad, en pobreza total. El religioso examinó el espíritu de la joven y sus motivos. Luego lo hizo delante de sus padres. Al reparo de éstos sobre la lejanía de aquel monasterio, respondió Lucrecia que precisamente por eso lo había preferido, para poner distancia entre su vida retirada y su patria y familia. Había además otro motivo: hasta Pisa había llegado la fama de sor Verónica Giuliani, la estigmatizada, que formaba parte de aquella comunidad.

No fue fácil lograr el consentimiento de las capuchinas; fue necesario valerse de algunas influencias, entre otras la de la princesa Violante de Baviera, esposa de Fernando de Médici, hijo del Gran Duque de Toscana. En marzo de 1703 llegó respuesta afirmativa. Y comenzaron los preparativos para el viaje de la esposa. Era uso entonces que, antes de dejar el mundo para encerrarse en el convento, la joven aspirante hiciera una gira, en traje nupcial, para despedirse de parientes y conocidos, emprendiendo después el viaje. Llegado el día de la vestición, la esposa era llevada por las calles hasta la iglesia conventual, en carroza, bien escoltada de damas y caballeros. Pues bien, Lucrecia había soñado para tal ocasión «un vestido de brocado con fondo rosa»; pero, cuando llegó el momento de probárselo, se halló con que el que le habían preparado tenía el fondo blanco. Pudo dominar el primer sentimiento de contrariedad acordándose de que había pedido al Señor verse privada, en aquella gira, de toda satisfacción por legítima que fuera.

Recorrió primero los monasterios de Pisa. Después, acompañada de sus padres, se puso en camino, haciendo etapa en Florencia, donde fue muy agasajada por el Gran Duque y su familia. Reanudó el viaje, o mejor peregrinación, hacia el santuario de Loreto, donde pidió por devoción el honor de barrer la santa Casa, y lo hizo de rodillas, vestida de esposa, con el alma llena de consuelo.

Llegada a Città di Castello, esperó la admisión formal, con el voto de la comunidad, y la vestición; ésta se celebró el 7 de junio de 1703, fiesta de Corpus Christi; la presidió el obispo, quien le impuso el nombre de sor Florida, por devoción al patrono de la ciudad, san Florido. Se había preparado a la nueva vida mediante la renuncia a toda satisfacción terrena; Dios le hizo ver, en ese mismo momento, que debía renunciar también a los consuelos espirituales. El rito de la vestición se concluía con un gesto de elocuente significado: el obispo ponía en el hombro de la novicia una cruz desnuda de madera, y ella se encaminaba, a lo largo de la iglesia, hacia la puerta del monasterio. La cruz era ligera, pero sor Florida la halló tan pesada, que a duras penas podía andar.

Cuando sor Florida se puso bajo la dirección de sor Verónica, ésta gozaba ya de gran aceptación entre las hermanas; habían quedado atrás sus penitencias rebuscadas, aquellas que ella definía ahora «locuras que me hacía hacer el amor», y también en gran parte los fenómenos externos; todo en ella se había «intronsecado», todo era más íntimo y secreto. La novicia sería muy pronto, no sólo su mejor discípula, sino su confidente y testigo de algunas de sus experiencias corporales, ello por disposición de los confesores.

No fue difícil la sintonía entre maestra y novicia, especialmente cuando sor Verónica descubrió que la joven estaba llamada a recorrer, como ella, el camino de la cruz. Le costó, sí, a la condesita hacerse al modo llano y espontáneo, quizá no siempre delicado, tradicional en las capuchinas; pero no tardó en asimilarlo, contenta de sacudirse el amaneramiento del ambiente en que había crecido”.

Sor Florida Cevoli vivió santamente sirviendo con amor y humildad a Dios y las hermanas se durmió en el Señor el 12 de junio de año 1767, fue beatificada por el Papa Juan Pablo II el 16 de mayo de 1993.

 

Sr. Teresa

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I am a Capuchin poor Clare sister since 1983.