Maria Magdalena Martinengo

La Flor de Jesús nació el 4 de octubre de 1687, en una ciudad de Italia llamada Brescia. Hija del conde Leopardo Martinengo y la noble Margarita Secchi. Su madre murió a los 5 meses de nacida. Esta hermosa florecita, seguía creciendo en gracia desde muy niña, a los 6 años comenzó a mostrar gran pasión por la lectura del breviario,  se empezaron a notar cambios en ella; en su casa solo se le veía con el breviario y la corona en la mano, prefería esto que andar jugando, seguía pasando el tiempo, hasta alcanzar la edad de 10 años. El 14 de octubre de 1698 entra al convento de las Agustinas para seguir su formación. El Señor le hace sentir un pequeño gozo: “¡Escucha hija !Olvida tu pueblo y la casa paterna”. Ella se expresa así:“Empecé a experimentar el amor a la  Sagrada Eucaristía, la necesidad de estar más unida a Cristo”. A los 13 años decide hacer al Señor el voto de su virginidad, tambien procuraba siempre estar unida a Dios y tener dolor de los pecados; los 3 años siguientes fueron de muchas luchas, hasta pasando los 16. La Condesita Margarita, como era llamada común mente, describe de esta forma su vocación a la vida capuchina:

“La vocación en las Capuchinas la conocí de este modo; veía en un trono de gloria a la Madre de Dios, y junto a ella la madre Santa Clara y Santa Teresa. Santa Teresa me ofrecía su cándido manto, diciéndome que me lo vistiera, y sería su hija predilecta. Después Santa Clara no solo me ofrecía su sayal sino que ella con sus manos me lo vistió y dijo a santa Teresa: Cede, hermana, porque ésta  ya  está destinada desde la eternidad por el supremo  Señor  para ser mi querida y amadísima hija. Se hará capuchina y observara puntualmente mi regla. Me parecía ver que a santa Teresa no le agradaba la acción de santa Clara diciéndole: -Ella siempre ha deseado vestir mi habito y no el vuestro-. Y esto era verdad, porque desde pequeña  me gustaban las carmelitas y si entonces me hubiera atrevido habría dicho a la gran Madre de Dios que mas me gustaba el manto blanco que el austero sayal, porque yo de las capuchinas no sabía nada. Me dijo entonces la suprema Reina: Hija:- no carmelita, sino capuchina te quiere mi hijo-. Al oír esta resolución las dos santas se dieron un estrecho abrazo. Y termino la visión”.

Sr. Frances

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