SANTA ROSA DE LIMA

Nació el 30 de abril de 1586 en lima, hija de Gaspar Flores y de María  de Oliva. Todos la llamaban Rosa porque según la tradición cuando era apenas una niña su rostro se transformo en una rosa, Cuando era pequeña destacaba por su gran reverencia y pronunciado amor hacia todas las cosas relacionadas a Dios. Que desde entonces su vida la consagro a la oración y mortificación. Era muy obediente y de labor incansable. Después de leer sobre Santa Catalina de Siena decidió tomar a la Santa como modelo para su vida. Empezó ayunando tres veces por semana además de severas penitencias secretas; Pasaba muchas horas en el Santísimo Sacramento. Finalmente decidió hacer un voto de virginidad. Al mismo tiempo grandes tentaciones atacaban su pureza, su fe y su constancia, causándole insoportables agonía de muerte y desolación de espíritu; Pero diariamente Nuestro Señor se manifestaba a si mismo, fortaleciéndola con el conocimiento de su presencia y consolando su mente con la evidencia de su Divino amor.

Sus días estaban llenos de actos de caridad y servicio. Su puntada y bordados exquisitos le ayudaban a mantener su casa y sus noches estaban consagradas a la Oración y a la penitencia. Cuando su trabajo se lo permitía se retiraba a la pequeña gruta que había  construido con la ayuda de su hermano en su pequeño jardín y allí pasaba sus noches, en soledad y oración. A la edad de 20 años recibió el hábito de Santo Domingo.

Reduplico sus penitencias, usando una corona de espinas de metal oculta por rosas y una cadena de hierro sobre su cintura. El martirio duro 14 años sin interrupciones. Nuestro Señor frecuentemente se le revelaba e inundaba su alma con paz y alegría, a tal punto que podía permanecer en éxtasis 4 horas. Ella ofrecía al Señor en estas ocasiones todas sus mortificaciones y penitencias en expiación por las ofensas contra su Divina Majestad por la idolatría de su país por la conversión de los pecadores y por las almas del purgatorio.

DE LOS ESCRITOS DE SANTA ROSA DE LIMA

El salvador levanto la voz y dijo, con incomparable majestad: Conozcan todos que la gracia  sigue a la tribulación. Sepan que sin el peso de las aflicciones no se llega al colmo de la gracia. Comprendan que, conformé al acrecentamiento de los trabajos, se aumenta juntamente la medida de los carismas. Que nadie se engañe esta es la única verdadera escala del paraíso y fuera de la cruz no hay camino por donde se pueda ir al cielo. Oídas estas palabras, me sobrevino un ímpetu poderoso de ponerme en medio de la plaza para gritar con grandes clamores, diciendo a todas las personas de cualquier edad, estado y condición que fuesen: Oíd pueblos, oíd todo el genero humano: de parte de Cristo con palabras tomadas de sus mismos labios, yo os aviso: Que no se adquiere gracias sin padecer aflicciones hay necesidad de trabajar, para conseguir la gloria de los hijos de Dios y la perfecta hermosura del alma. Esté mismo estimulo me impulsaba impetuosamente a predicar la hermosura de la divina gracia, me angustiaba y me hacia sudar y anhelar. Me parecía que ya no podía el alma detenerse en la cárcel del cuerpo, si no que se había de romper la prisión libre y sola con mas agilidad se había de ir por el mundo, dando voces: Oh si conocieses los mortales qué grande es la gracia, que hermosa que noble y preciosa cuantas riquezas esconde en si, cuantos tesoros, júbilos y delicias. Sin duda emplearían toda su diligencia, afanes y desvelos en buscar penas y aflicciones, andarían todos por el mundo en busca de molestias, enfermedades y tormentos en vez de aventurar por conseguir el tesoro último de la constancia en el sufrimiento. Nadie se quejaría de la cruz ni de los trabajos que le caen en suerte, si conocieran las balanzas donde se pesan para repartirlos entre los hombres.

Es esa pasión de amor la que nos debe de mover a vivir nuestra santidad abrazando nuestra vocación con todo el corazón, ya sea en el mundo o en el Claustro.

 

Murió el 23 de Agosto de 1617 a los 31 años de edad después de su muerte sucedieron muchos milagros. Fue beatificada por Clemente IX el 1667 y canonizada por Clemente X el 1667.

  

 

Sr. Frances

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